Llevarme al vivero a pie es algo que no pienso permitirle una vez más, está a casi cuatro kilómetros de dónde vivimos y no tengo ni idea de cómo podría funcionar el traernos las plantas de regreso. Lo que si tengo que admitir es que el camino está muy bonito, todo el camino está lleno de vida, árboles enormes que brindan sombra en algunos tramos, flores silvestres que resultan muy bellas y me dan ganas de tomar un poco de ellas para sembrarlas en mi jardín. Conejos, ratas y mapaches han cruzado el camino mientras avanzamos por él en una sola dirección. Cuándo finalmente llegamos al vivero puedo ver plantas de todo tipo emocionandome al instante porque nunca había visto tanta vegetación junta. Entramos al vivero y Sagar saluda al encargado del lugar que nos informa que Arun ya anunció que

