Una mujer paseaba alegre por una de las calles de la ciudad mientras veía encantada los adornos para vestidos en uno de los tantos negocios que se establecían a lo largo y ancho de la ciudad. El ruido era exasperante, pero ella parecía ignorarlo. Amir Cadi quien ya había llegado a la capital árabe, y no pudo evitar mirar a la hermosa mujer que tenía frente a sus ojos. —¡Señorita! —oyó gritar a otra muchacha. —¿Qué pasa? —Su hermano se enfurecerá cuando se entere que ha salido sin su permiso. La mujer resopló con burla. —No me regañará —dijo segura. La doncella asintió y siguió caminando junto con la señorita. Una ráfaga de viento quitó de su rostro el niqab que llevaba puesto, haciendo visible su hermoso rostro a Amir. La mujer se dio cuenta que él la estaba mirando y con rapid

