El chirrido de las puertas abrirse despertaron a Ezra de su reparador sueño, tan pronto como se levantó tanto Yasmina como Sahabat entraron a la habitación para ayudarla a ponerse el batín. Después, la doncella asustadiza y de ojos expresivos le pasó una taza de té caliente. Ezra tomó la taza entre sus manos y se dedicó a beberla en silencio mientras Yasmina peinaba rápidamente su cabello. Dio unos cuantos sorbos y le regresó la taza a la pequeña doncella, Sahabat agarró débilmente el recipiente y en cuestión de seguros el líquido se volcó sobre Ezra. La doncella saltó en su lugar y consciente de su error se apresura a pedir perdón. —Lo siento, mi señora. —¡Mira lo que has hecho! ¿dónde tienes la cabeza? —dijo Yasmina. —Lo siento, concubina imperial, lo siento, señorita Yasmina, no

