El rey no regresó a la sala de audiencias. Cuando salió de la residencia de la Concubina imperial Farah, fue directo hacia el palacio de la belleza eterna. A pesar de que las puertas estaban cerradas, el rey no evitó pasar por allí. Con solo unos cuantos toques el portón de abrió. El hombre ingresó al palacio interior mientras lo seguían los criados que le habían permitido la entrada al lugar. —Saludos a su majestad —saludó Ezra. —¿Cómo estás? —Estoy bien —declaró con calma. —Me alegro, ¿qué haces despierta a esta hora? —Suelo dormir un poco tarde, por eso estaba leyendo un poco. —Entiendo —asintió con la cabeza—, estuve en el palacio de la concubina imperial Farah, bailó fuera de sala de audiencias durante varias horas. —¿Por qué está aquí? —Pensé que me querías contigo. —

