…—Majestad —inclinó su cuerpo en saludo —No pensé que fueses tan atrevida, ¿Cómo no cumples mi orden? —Lo siento, majestad. Fui descarada —Ezra se inculpa sin prestar atención a nada más. Pues, quería salir de su presencia rápidamente. No importaba si era castigada. —Que bueno que has recobrado la sensatez. Ahora, arrodíllate hasta que anochezca. Solo de esa forma aplacarás mi furia —dictaminó maliciosa—. Oh, no debes preocuparte por la princesa Banuqa, cuidaré de ella mientras cumples el castigo. Ezra se exaltó en cuanto escuchó esas palabras. ¿Cómo podía dejar a su hija al cuidado de esa mujer? Era simplemente inconcebible. Pero, ¿que podía hacer? No era nadie comparada con la emperatriz Khatri. —Majestad, permita que Didi la acompañe. Raita negó con su cabeza lentamente. —No t

