Aquel día significó un gran avance para Ezra sobre la reina. Sin embargo, estaba claro que Badar no viviría lo suficiente como para ver la caída completa y desastrosa de la emperatriz. Si bien el rey estaba enfurecido con ella por la aplicación de medicina anticonceptiva en sus concubinas, seguía protegiendola. Después de todo la caída de esa mujer sería difícil, pero con pequeños pasos llegarían a hacerlo. Durante esa noche, Badar habló largo y tendido con la concubina imperial Azzar. Ambas hablaron de sus vivencias en el pasado y sus deseos en el futuro. Fue una charla relajante que reforzó aún más su vínculo fraterno. —Ezra, ¿Prometes cuidarte bien cuando yo no esté? —Badar interrogó. Ezra bajó la mirada en un gesto por contener las lágrimas. —No morirás, Badar. El rey no lo permiti

