En un mismo día dos de las bellezas del rey habían fallecido. Una de enfermedad, pero la razón de muerte de la otra no estaba clara todavía. Con alboroto y miedo ese palacio empezó a llenarse de personas; concubinas, criados y finalmente también el rey. La incertidumbre y tristeza no escapaba de las expresiones del servicio del palacio. Sí, todos estaban reunidos en el palacio de la luz eterna. —¿Qué pasó? —preguntó el rey en cuanto llegó. —¡Majestad! —la doncella corrió apenada hasta él—. Ella no está… ha muerto —anunció con lágrimas en sus ojos. —¿Quién? ¿De qué hablas? —preguntó el rey sin entender lo que la muchacha le decía. —Han asesinado a la emperatriz Khatri, majestad —soltó para después llorar ruidosamente. El rey se alejó de la mujer y entró con acelerare a la habitación

