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Amor a primera vista

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drama
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Descripción

Melissa Loren Gutiérrez es una chica hondureña de dieciséis años del departamento de Santa Bárbara, quien va a iniciar nuevamente su vida en una nueva ciudad después de la transferencia de área de su padre tuvieron que mudarse a Omoa, Cortés.

Melissa no sabe lo que le esperará allí, solo sabe que es una oportunidad de conocer más a fondo su país y conocer personas nuevas en el proceso y, ¿quién sabe? Quizás el amor.

Además de Melissa habrán otras historias de amor, algunas felices y otras... no tanto, pero... ¿Podrán superar todo y dejarán que el amor fluya y se llegue a dar su verdadero amor a primera vista?

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Capítulo 1: Un nuevo comienzo
"Querido diario, por fin estamos llegando a nuestra nueva casa, mis padres Thomas y Paula, mi querida mascota Molly y yo. Sé que será difícil adaptarse a una nueva ciudad, casa, escuela... Más porque yo tengo a mi grupo de amigas allá, en Santa Bárbara. Puedo decir que no estoy completamente sola en este proceso, ya que mamá tampoco tiene amigas en Cortés... así que no me puedo quejar, y siempre que pueda llamaré a mis amigas y haré videollamadas, no será lo mismo... pero al menos así podré estar presente en sus vidas, además... los departamentos de Santa Bárbara y Cortés están cercanos, y podría convencer a mi papá de que vayamos de visita allá un fin de semana. Aunque tampoco me debo de apegar a mi vida antigua, porque aquí es otra, sin embargo... no conozco a nadie aquí y mucho menos alguien me conoce. No me puedo quejar tanto, ya que es una gran oportunidad para mi papá, además de qué mayormente sus proyectos son en Cortés y ahora no tendrá que viajar tanto. ¡Espero que todo salga bien en mi primer día en mi modalidad de Arquitectura y pueda hacer nuevos amigos! y... tal vez tenga novio." —¡Meli, hija! Ya estamos llegando —le informa su madre, Paula. La joven de pelo castaño rojizo cierra su diario y coloca su mano sobre él en señal de despedida, no sin antes colocar su candado y guardar su llave. Va hacia su madre que está en el asiento de copiloto de la furgoneta. —Hija, mira allá —comenta señalándole una casa de dos plantas, se ve inmensamente vasto y seguramente tendrá un patio aunque no sea inmenso. A simple vista, la casa tiene un buen aspecto, es completamente blanca, y todo su tejado posee tejas esmaltadas de un color anaranjado oscuro, las dos ventanas deslizantes de la segunda planta están cubiertas con rejas ornamentales de hierro oscuros. Debajo del ventanal de arcos grises de la planta baja se encontraba una jardinera que adornaba el exterior con las hojas verdes de sus plantas. La muchacha recuerda cuando sus padres estaban buscando casas por Internet, y la eligieron por una zona donde todas las casas tienen piscinas, además... estaba cerca de la costa marina. —Guau, ¿Es esa? —preguntó la castaña rojiza para confirmar si no se había equivocado de dirección. Ella queda impresionada por el aspecto de su nuevo hogar. —Sí, es esa Meli. —Es... es... ¡Hermosa! ¡Me encanta mamá! —Tu padre y yo, sabíamos que te iba a encantar —responde con una sonrisa, pone su mano sobre el hombro de su marido. Su padre estacionó la furgoneta en la marquesina de la casa e informa poniendo la palanca en 'N': —Llegamos. —¡Al fin llegamos! Después de dos horas de viaje, me estaba cansando de estar sentada en la parte de atrás. »Ya quiero ver, ¿Cuál será mi habitación? Oh... y más importante, ¿Cómo la decoraré? Tendremos que ir de compras, ma'. —chilla entusiasmada. —Hija, me sorprendes eras la que más se quejaba respecto a la mudanza. Pero veo que ya te está gustando Omoa y eso... que aún no hemos salido —se ríe. Su padre se empieza a reír también. —Sí, hasta hiciste una protesta de hambre que duró apenas nueve horas, además de que limpiaste el ático y hasta incluso limpiaste las heces de Molly con tal de convencernos. La mencionada empieza a ladrar desde su trasportín crema, seguramente ya quería salir. La chica se voltea y se acerca para abrirle la puerta a su pequeña caniche negra, Molly. Sonríe nerviosa, retirando su melena castaña rojiza de su cara para pasarla a su oreja. —Bueno sí... Eso fue al principio que no me quería ir de la casa, pero solo fue un apego emocional porque allá había estado durante parte de mi vida. —Pero Omoa te encantará, ya verás hija —objeta su papá con una sonrisa. —Eso espero papá —intenta hacer una sonrisa mientras acariciaba a su pequeña en su regazo, pero le sale fingida; no tenía muchas ganas de sonreír ya que se pasaría los días aburrida antes de entrar a clases, en su casa, sin sus amigas, solo con sus padres y Molly. —Bueno... Vamos saliendo, porque si no se nos hará tarde para al menos organizar las habitaciones y los baños. Tenemos que empezar a desempacar —comenta su madre acabando con el silencio. —Sí, es verdad, el camión de la mudanza ya necesita ponerse a desempacar las cosas —completa el azabache saliendo para darle la vuelta a la furgoneta, y así, abrirle la puerta a su esposa. Luego va hacia la puerta trasera y ayuda a su hija a bajar, ella le agradeció con la perra en brazos. El padre va hacia el conductor del camión de la mudanza y les informa que pueden empezar a bajar los muebles, cajas y lo demás. Mientras la joven chica va hacia la puerta principal y espera que su madre la abra. Al entrar, la de pelo castaño claro suelta un largo suspiro colocando sus manos en la cintura y observando a su alrededor. —Ya estamos aquí, al fin... Hogar dulce hogar. La menor se adentra más y observa: —Guau, si por fuera se veía inmenso, ahora es enorme —comentó mientras va caminando mirando a su alrededor, ve una puerta corrediza de cristal que da al patio, y hay una piscina. —Sí que lo es Meli, ven y ayúdanos a traer cajas —habla su mamá colocando una pequeña caja en el suelo. —Eso haré. [...] Después de haber traído al interior de la casa todas las cajas y los muebles, los de la mudanza se habían ido. Y la familia Gutiérrez se había puesto a sacar cosas de las cajas para darle un ambiente eufórico a su nueva casa y hacerlo sentir como un verdadero hogar. Pronto las paredes de amarillo pastel de la sala de estar estaban tomando un aspecto más alegre con los cuadros colocados. La mujer de pelo castaño claro mira el reloj que acababa de poner, son las 7:32 p.m, habían estado desde las tres de la tarde desempacando. —Ya se está haciendo tarde para cenar, mejor empiezo a cocinar ahora cariño, por suerte ya había amueblado la cocina. —Sí, está bien... Yo continúo, amor —avisa el pelinegro tomando de la cintura a su esposa, mientras con su mano libre, la deposita en su mentón para acercar sus labios en un beso apasionado, pero este es interrumpido por los pasos descendentes en los escalones. Es su querida hija. —Ya casi termino de decorar mi cuarto, solo una caja más y puedo darlo por hecho. —informa la chica al pasarles por el lado para acercarse a la sala. —Que bueno por ti, Meli —le contesta su padre con una sonrisa nerviosa. —Sí... —los mira entrecerrando sus ojos, agarra una caja y sube. [...] La chica abre la caja y ve un portarretrato con una fotografía de sus amigas de Santa Bárbara, en ella se encontraban: Del lado izquierdo Sophie, una pelirroja de ojos cafés con pecas alrededor de la nariz; a su lado está Mayra, rubia de pelo corto con algunos mechones color n***o y ojos oscuros; del lado derecho Isabeth, una pelinegra de ojos avellana claros; y Elizabeth una castaña de ojos negros; y en el medio está ella. Unas lágrimas traviesas se deslizaron por su mejilla mientras observaba la fotografía. —Como las extraño chicas, no olvidaré todos nuestros momentos juntas —susurra, y a su mente llegan recuerdos translúcidos con sus amigas. —¡Melissa! Ya baja a cenar —La voz de su madre la hace salir de sus recuerdos. Ella pone la foto en su mesa de noche y se seca las lágrimas con los puños. —¡Ya voy mamá! —alza la voz, se acerca a su espejo y se observa sus ojos. —Aún están muy hinchados, creo que mejor me lavaré la cara. [...] La joven baja las escaleras cabizbaja y camina hacia su madre que se encuentra detrás de la isla de la cocina. —¿Qué ocurre hija? ¿Por qué tardaste tanto? —Estaba terminando de acomodar algunas cosas y no quería dejarlo a la mitad. —Está bien, cariño —le dedicó una sonrisa sin mostrar sus dientes y caminó llevando un bol con ensalada a la mesa del comedor. La castaña rojiza la sigue y toma asiento, su madre hace igual. Todos empiezan a servirse su comida, luego de hacer una oración de agradecimiento por los alimentos empiezan a comer. —Aún nos faltan algunos suministros, así que tendremos que ir de compras —comenta la castaña clara mientras toma la cuchara y empieza a moverla en el aire, pensando. —¡Oh! Tenemos que ir a hablar con el director del instituto de Melissa para confirmar algunas cosas y que conozca su nuevo instituto. También iremos a comprar los materiales suficientes para el inicio a clases, ¿Te parece bien, Meli? —pregunta, y la mencionada asiente. —Guau... cariño, ve más despacio acabamos de llegar, y las clases empiezan la siguiente semana, tendremos tiempo para solucionar todo —responde poniendo su mano sobre la de su esposa y la mira. La joven intenta tragar rápido. —Sí... papá tiene razón, las clases iniciarán el seis de febrero, según tengo entendido hoy apenas es veinticinco de enero. —Sí... es verdad —suelta un suspiro pesado cuando se escucha el sonido del timbre. —Mmm... ¿Quién será a esta hora? —se pregunta el pelinegro mientras se limpiaba la boca con una servilleta, luego se levanta para ir a la puerta. Las demás se quedan observando desde el comedor. —¡Buenas noches vecino! Mi nombre es Marcela Villar y vivo justo al lado —Aparece frente a la puerta una mujer de pelo oscuro y ojos marrones con una gran sonrisa sosteniendo entre sus manos un plato de aluminio. —Oh, mucho gusto —saluda extendiendo su mano, y ella le responde desocupando una mano. —Yo soy Thomas Gutiérrez —comentó cuando su esposa se levantó y caminó hasta la puerta colocándose a su lado. —Y ella es mi esposa, Paula. —Oh... Encantada, Paula —le extiende la mano. —Vengo a darles la bienvenida al vecindario, y también les traje esta lasaña —acerca el plato a la castaña clara —. Si necesitan ayuda en algo vivo a su lado, en el derecho para ser exacta... ¡Adiós! —¡Adiós! —se despiden con un saludo corto de mano y entran a la casa. —Qué amable mujer, hasta nos trajo postre —comenta la de pelo claro levantando el aluminio para observar el interior. —Sí, ¿Cuándo nos comeremos la lasaña? —pregunta su esposo observando también e intenta agarrar el plato. —Mañana —responde dándole un manotazo, lo cual deja al hombre acariciando su mano por el impacto. —¿Eh? ¿Estamos de acuerdo? —lo mira con los ojos entrecerrados y lo señala con su dedo. —Sí... sí... —responde con desgana. —¡Y tú también! —señala a su hija quien pone cara de inocente. —¿Yo? ¿Por qué? —cuestiona la castaña rojiza con duda. —No me hagas recordarte lo del incidente del pastel —advierte mirándola con los ojos entrecerrados. —¡Ok, ok! ¡No hables sobre eso ya! Lo prometo, no comeré nada de lasaña hasta mañana. —Bien... regresemos a comer. [...] Después de la cena, la chica se queda a lavar los trastes mientras sus padres ya se fueron a dormir. Cuando termina se seca sus manos con una toalla, pero justo su perra empieza a ladrarle. —¡Ya ya! Haz silencio, los despertarás —ordena haciéndole un gesto de silencio. Ella continúa ladrando. —Ya Molly, iremos a pasear al patio, ¿Quieres? —propone, y la perra jadea en respuesta. —Bien, pues vamos —Se coloca unas zapatillas, una chaqueta y agarra una funda. La joven desliza la puerta corrediza y sale al patio con la caniche que empieza a correr por el césped. —Vamos... Haz lo que tengas que hacer —ordena, y su perra hace sonidos tristes. —Bien... La caniche empieza a olfatear en cada arbusto, su dueña deja de mirarla y se dedica a ver el cielo nocturno; "Es hermoso, creo que vivir aquí no será tan malo" piensa al ver algunas estrellas, y al sentir el frío de la noche se abraza a sí misma para obtener calor. Su perra ladra. —¿Ya terminaste? [...] La joven ya estaba lista para irse a dormir, había salido de su baño y vestido con su pijama. Se recuesta en su cama y enciende su lámpara, ella suelta su suspiro mirando a su pequeña acostada sobre su sábana; toma su bolígrafo y escribe en su diario: "Querido diario, Mañana ya será mi primer día oficialmente viviendo aquí, en Omoa. Dentro de una semana y cinco días será mi primer día de clases... ¿Saldrá todo bien? Aún no lo sé... ¿Haré nuevas amistades? Menos lo sé, solo sé que será un nuevo comienzo. Buenas noches, diario".

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