**ADRIANA** Por un momento, simplemente disfruté de esa calma, permitiendo que la tensión de las últimas horas se disipara. La quietud y esa sensación de tener un refugio, aunque fuera solo por unos minutos, me hacían sentir que, por fin, podía respirar. Sin embargo, en medio de esa paz, un pensamiento empezó a atormentarme. Recordé que había apagado mi celular antes de salir de casa, intentando desconectar, aunque ahora esa decisión parecía una torpeza. Comencé a buscarlo por toda la habitación, revolviendo las almohadas, incluso la mesita de noche. Pero no lograba encontrarlo. Mi corazón empezó a acelerarse, esa pequeña preocupación se convirtió en una inquietud casi obsesiva: ¿y ahora qué? ¿Y si me lo había dejado en algún otro lado? ¿Y si algo importante había llegado y no lo podía a

