**ADRIANA** Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, y su voz se quebró en ese momento. —Estaba pintando este cuadro para el cumpleaños número cinco de mi hija. El día en que me la arrebataron… Recuerdo que estábamos de compras, felices, emocionadas… No sé en qué momento, alguien nos arrebató a mi niña de mis manos. Solo escuché gritos, pedidos de ayuda, pero era un caos. La gente se agrupaba, y yo corrí tras ella, llamando, implorando. Pero era mucho más grande que yo. No entendí a dónde la llevaron. Solo sé que, cuando volví a casa, ya era tarde. Mi esposo lo supo antes que yo, porque uno de sus enemigos —sí, ese mismo que más daño me hizo— fue quien nos hizo pagar un precio terrible. Esa noche, le dieron donde más le dolía: a nuestro corazón, a su corazón. Sus manos temblaban

