**ADRIANA** —Vivan. Rían. Y cuídense —me dijo Helena, emocionada, sus ojos brillando con la misma intensidad de aquel día en que nos vio dar el primer paso hacia el futuro. Tomás, en ese momento, me tomó de la mano justo cuando cruzamos la puerta, ese pequeño acto que parecía decir que, en ese instante, no estábamos simplemente saliendo del hotel, sino entrando en una nueva aventura, en una historia que solo nosotros escribiríamos. Y en ese instante, supe con certeza que no estábamos escapando. Estábamos comenzando. La luna de miel no es solo un viaje, no es solo un destino, sino una pausa luminosa después del torbellino, de los preparativos, de los nervios, de las dudas y de las promesas. Es esa respiración profunda que nos damos antes de volver a la rutina, ese suspiro largo que marca

