(Vicente) Cada vez se me hacía más difícil separarme de Macarena por las noches. Quería que llegara pronto el día de nuestra boda y poder llevarla a casa, conmigo; dormir con ella cada noche... Todas las noches. Una tarde, nada más llegar de dejar a mi prometida, recibí el llamado de Diego a mi celular. ―Diego ―contesté de mal modo. ―Vicente, necesitamos conversar. ―No, no necesitamos. ―Por favor. Silencio. No quería hablar con él, pero no podía olvidar que era mi hermano. ―Dime ―accedí al fin. ―¿Podemos hablar en persona? Estoy cerca de tu depa (departamento). ―Bueno, te espero. ¿Qué quería hablar conmigo? No tenía idea, no había vuelto a dar señales de vida desde que pasó todo lo que pasó mientras estábamos en “El tormento”. Antes de diez minutos golpeó mi puerta

