Me despertó un ruido horrible, un violento movimiento y el miedo de no saber qué pasaba. Vicente, de un tirón, me atrapó cuando iba corriendo hacia afuera del cuarto, quería salir del departamento. Me abrazó y me contuvo, mientras yo luchaba por escapar. ―Tranquila, mi Capitana, tranquila. Me aferré a él, no entendía nada, las cosas se mecían de un lado a otro, como si no pesaran nada. ―¡¿Qué es esto, Vicente?! ―grité aterrada. ―Un temblor, tranquila, ya va a pasar ―habló con voz pausada, aunque yo estaba segura que él también tenía miedo. ―¡Tenemos que salir de aquí, el edificio se va a caer! ―grité descontrolada. ―No, no, mi Capitana, no se va a caer y no podemos salir ahora, es muy peligroso. ―¡No para, Vicente! ―Tranquila... ―¡No para! ¡Salgamos! Todo quedó a oscura

