Ver el amanecer en nuestro refugio era de las mejores cosas que me podían suceder. ¿Cuánto tiempo estuve en ese lugar solo, pensando que jamás encontraría una mujer para mostrarme tal como soy? Pero aquí estábamos, mi Capitana y yo, viendo un nuevo día llegar. ―Júrame, ante este cielo y ante todas esas estrellas fugaces que nunca jamás vas a volver a querer dejarme. Yo nunca te he mentido y nunca lo haré, eres lo único cierto y puro que he tenido en mi vida, aunque la forma de conocernos no haya sido la más ortodoxa, ni la más adecuada, eres la mujer que siempre soñé encontrar ―pedí con algo de miedo. Ella, que estaba sentada delante de mí, con su espalda pegada en mi pecho, se volvió y me miró con sus ojos profundos y bellos. ―Creo que enterarme de la gran mentira de mi vida, me volv

