ELENA —Elena. Oye, Elena… Una mano tocó mi hombro con suavidad. Parpadeé un par de veces antes de enfocar el rostro de Clara, que me observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. —¿Estás bien? Fruncí el ceño. Tardé unos segundos en aterrizar en la realidad. Miré mi reloj. —¡Mierda! —mascullé al ver la hora. Ya casi era momento de irme. Lucía, sentada cerca, se giró hacia mí. —Últimamente pareces medio dormida todo el tiempo. ¿Estás bien? Me puse a juntar los papeles sobre mi escritorio sin perder tiempo y encendí la computadora. Tocaba codificar lo que quedaba. —Ni idea qué me pasa. Ni siquiera he trasnochado últimamente —dije mientras tipeaba. —Tal vez tengas la tensión baja. Eso explicaría ese cansancio constante —comentó Clara. Me limité a encoger los hombros, sin de

