-¿Cómo supiste que estaba aquí? -Sabía que lo volverías a intentar, eres demasiado predecible. -Alejandro... -Estoy siendo muy paciente contigo Anubis. -No te acerques, gritaré si lo haces. -Inténtalo. Me quedé callada. -Adelante, ¿qué esperas para gritar? Iba a hacerlo pero recordé que todos sabían de mi falsa enfermedad, todos menos Alan, él era el único que podía ayudarme. -Alan no sabe que estoy loca, él me creerá. -Dile si quieres pero no servirá de nada, será la palabra de ustedes contra la mía y sabes de lo que soy capaz. -Estas demente. -Limpia el espejo. -No. -No quería llegar a esto, pero no me dejas otra opción. Se acercó a mí y me puso una pulsera en mi brazo. La pulsera era del mismo material que el brazalete del pie, intenté quitármelo pero no pude desprenderlo

