El trayecto al departamento de Rubén fue corto, sin embargo, no pude dejar de pensar en Elio y en lo ultimo que me había confesado. Estaba claro que ese cuadro se lo había regalado alguien que había dejado una marca en su vida; no pude evitar crear miles de historias en mi cabeza. Sacudí un poco mi cabeza y decidí cambiar el rumbo de mis pensamientos, era una estupidez obsesionarse por algo que a probablemente no iba a saber jamás. Suspire y me baje del coche, no sin antes pagarle al conductor; nota mental: llamar al taller para preguntar por mi auto. Realmente no había sido tan dañino el choque, sin embargo todavía no terminaban de repararlo, y era una parte fundamental en mi vida. -¡Al fin!-gritó una voz femenina apenas entre en el departamento. No pude evitar fruncir el ceño. -¿

