-Hoy has llegado temprano.-comentó Elio mientras abría la puerta de su estudio. -La otra vez también llegué temprano.-me quejé. -No por unos minutos.-sonrió y yo rodé los ojos. -Que pesado.-murmuré lo suficientemente bajo como para que no me escuchara, mientras acomodaba mis cosas sobre la primer mesa que encontré. -¿Qué dijiste?-preguntó agarrando mi mano, frenándome. Sus ojos verdes estaban oscuros, y no había ninguna sonrisa en su rostro; Elio había pasado de tener vibras juguetonas a un aura serio y frío. -Nada...-murmuré, y con la mano que no estaba aprisionada intenté liberarme de su agarre, que estaba comenzando a doler- ¿Me puedes soltar?-pregunté tratando de que mi voz no temblara. Recién llegaba y ya me quería ir. -Oh, lo siento.-respondió dándose cuenta de que me estaba

