Narra Rubén. Nunca había salido con tanta rapidez de mi casa. Mi corazón latía desesperado, ¿Qué mierda había pasado? Sabia que haberla dejado salir como estaba... no, basta Rubén, no sabía con exactitud que había sucedido y no iba a sacar conclusiones apresuradas. A lo mejor... a lo mejor solo era un pequeño golpe, una pequeña fractura. Pero Mangel sonaba tan... Mangel es exagerado. Mi mente no dejaba de maquinar mientras que mis piernas no podían ir más rápido; por mi cabeza no se cruzo la idea de subir a un taxi o a cualquier vehículo que me llevara. Solo quería llegar a Laila. El hospital apareció frente a mi, y frené, mi cuerpo necesitaba oxigeno. -¡Rubius!-alguien gritó detrás de mi y rápidamente me gire- Al fin llegas. Alex estaba frente a mi con dos botellas de agua.

