Alora no podía creer que Killian la hubiera encontrado tan fácilmente. Después de todo el señor Salavert si le había dicho de su paradero y las intenciones de irse a Grand Amarilo a pasar un tiempo alejada de todo. Estaba harta de engaños y mentiras. Aunque si lo ponía en una balanza Killian solo le había dicho que no estaba preparado para decirle quién era en realidad. La chica había salido corriendo del restaurante al saber que aquella mujer de los labios rojos era la prometida de Killian. Se había sentido engañada por él y no soportaba ser parte de un drama de celos en donde ella era el segundo plato en apariencia. Sin embargo; ver a Killian ahí parado en la entrada del camión con un aspecto un tanto desaliñado la hacía dudar de esa explosión sentimental negativa que le hacía el aire

