Capítulo 7
Valeria Peña Madrigal
Puerto Vallarta, Jalisco, México
No podía creer, cómo era el destino. Ahí estaba de pie frente a ese chico que me había encantado en el centro comercial y por supuesto que yo le había encantado también a él. Sus ojos eran tan hermosos como el color del cielo y todo su aspecto era digno de admirarse. Lástima que no podría, aunque quisiera tener nada con él, por lo que veía sería un triste empleado del canal como yo. Alan se me quedó viendo muy molesto.
—Lo primero que te digo y lo primero que haces Valeria, parece que te comieron la lengua los ratones — Me reprendió Alan — No puede ser que no puedas decir, ni mucho gusto.
Me había perdido en el azul de sus ojos, era como si pudiera ver a través de mí, pero él tampoco despegaba sus ojos de los míos. Estábamos los dos anclados en el piso sin movernos.
—Mucho gusto, señorita — Se me adelantó él — Dexter DeCostello, encantado de conocer a una chica tan bella.
Él extendió la mano y yo no tuve más que tomársela, no me agradaba mucho tener contacto físico con nadie. El chico tenía lo suyo, pero no era lo que yo estaba buscando, es más, yo ya sabía lo que quería y muy pronto sería mío y un recién llegado no me iba a desviar de mi objetivo.
—Mucho gusto Dexter — Respondí — Bienvenido al canal. Ahora debo ir a arreglar el vestuario de Raymundo, con permiso.
El solo roce de su mano con la mía, despertó en mí sensaciones hasta entonces desconocidas. Su piel desató en mí algo que no sabía describirlo, pero era como si una chispa se encendiera dentro de mi ser. El chico estaba guapo y estaba tan hechizada por él que cuando me acerqué con Raymundo para arreglar su vestuario, él de inmediato se quejó.
—Valeria, no tenemos todo el día y hoy has estado muy lenta—Se quejó Ray—No me digas que te ha gustado el nuevo.
Este tipo no tenía ni la más mínima idea de quién era el objeto de mi interés, yo no estaba para estar perdiendo el tiempo con novatos, yo iba por el pez más gordo porque Raymundo ni siquiera entraba en esa categoría y era mejor que se bajara de esa nube.
—No empieces Ray, además te recuerdo que tú y yo no somos, ni fuimos, ni seremos nada—Le recordé—Si alguien me interesa del canal no es el nuevo, pero tú menos.
Fue todo lo que le dije al arrastrado de Ray que siempre quería que yo saliera con él y no perdía oportunidad en andarme acosando. Afortunadamente él no vivía en los departamentos en los que vivíamos la mayoría de los empleados del canal, pues no me lo quitaría de encima ni por un momento, menos mal que él vivía con sus padres, y no creía que se mudaría con los demás que nos veía como si fuéramos menos.
Le acomodé la camisa y cuando volteé a ver a Alan, él levantó su mano dando el visto bueno y entonces me retiré del set para que siguieran grabando el programa de Raymundo. Caminé por la playa para ir a acomodarles el vestuario a unas chicas que saldrían en un segmento del programa de Raymundo, cuando me encontré con la insoportable de Silvana.
—Hola, Val, ¿Ya viste al chico nuevo? Está guapísimo, yo no perderé oportunidad de estar con él — Me presumía — Cuando nos hemos presentado, sentí que a él le encanto y él me fascina a mí.
Siempre presumiendo de sus conquistas, eran cosas de todos los días. Por mí, podía acostarse con quien le diera la gana. Mis intereses eran otros y no era estar hablando con ella de cosas que no me interesaban, no era la primera vez que le hacía saber qué no una candidata para tener una conversación, no me interesaba su charla tan superficial.
—Hola Silvana, me encantaría platicar de tonterías contigo — Dije con ironía — Pero, tengo trabajo y creo que pierdes tu tiempo queriendo socializar conmigo, pudiendo ponerte a hacer el tuyo. Nos vemos.
La verdad era que yo me consideraba muy selectiva, no con todo el mundo me iba a poner a platicar, no me interesaba hablar de que aderezo le puso a su ensalada porque está a dieta y no puede subir de peso o que aquel chico nuevo la miró con interés.
—Qué pesada eres Valeria, con razón Alan no te hace caso — Me restregó — Es que ¿Sabes? A él suelen gustarle las chicas que son agradables y simpáticas y tú, no tienes nada de esas cualidades. Oops, se me ha salido por completo.
Como no me había hecho su amiga desde que había entrado al canal, estaba ardida. No me interesa y punto y a ella no le debe interesar si soy simpática o agradable, lo que pasa es que no lo quiero hacer con ella, y que se tranquilizara porque no me conocía ni tantito. Mejor que se fuera buscando a otra a la cual molestar.
—Pues que no se te salga — La agarré del brazo — Conmigo no te metas Silvana. Te lo advierto o no sabes lo infernal que puedo hacer tu vida en el canal.
Que no me buscara porque me iba a encontrar, si no me metía con ella, que buscara su camino para otro lado y que a mí dejara de molestarme. Silvana era demasiado engreída y no soportaba que otra mujer fuera más bonita o más carismática que ella, por eso siempre buscaba un pretexto para joderme la vida.
—Con razón eres una pobre diabla, sin padre, ni madre, ni perro que te ladré — Se burló — Disfruta de tu amargura y de que Alan, jamás se va a fijar en ti.
Solté a Silvana y me fui caminando a toda velocidad por la playa, llegué con las chicas a las que debía de acomodarles el vestuario conteniendo el llanto que amenazaba con salir de mis ojos, en cualquier momento. Odiaba a la gente como a esa desgraciada de Silvana que solo prestaba su trabajo en el canal, por ser amiga de Alan y porque el marido no la quiere en su casa.
A mí nadie me humilla, ni me dice pobretona y esa mujer me las iba a pagar y con creces. Odiaba todo el mundo miserable que me rodeaba ¿porque tenía que ser una pobretona? a pesar de que no me vestía como una y la gente siempre me señalaba de serlo.
—Val, estás llorando, ¿Estás bien? — Luis se acercó a mí — Tranquila, no pasa nada. De seguro, estás así por mi tío. No entiende que debe tener tacto para tratar con las personas.
Eso no tenía nada que ver, solo a la estúpida de Silvana se le ocurría abrir su gran bocota, pero se iba a tener que tragar todo lo que había dicho cuando yo fuera la novia oficial de Alan. Veríamos entonces a quien iba a insultar, estaría a nada de perder su valioso empleo y de eso me iba a encargar yo.