CAPÍTULO 29

1758 Palabras
CAPÍTULO 29... XAMIRA . . . . —Bienvenida, qué bueno que llegaste, mami, aquí está tu hombre para darte una buena satisfacción. —¿NACIÓN? Esto no puede estar pasando, tiene que ser una broma de mal gusto. —¿Qué es lo que quieres? —Estar contigo, te dije que te amo. —¿QUÉ HACES AQUÍ? ¿ESTÁS LOCO? Cómo me dices que me amas, si tú bien sabes que no es así. Me da impotencia su gesto altanero y como consecuencia me pongo a llorar, también debo confesar que me da un poco de miedo lo que pueda llegar a hacerme. Creo que no está bien de la cabeza. —Mi amor… —¡NO ME DIGAS MI AMOR, NO SOMOS NADA! —A ver, no hay necesidad ni de que grites ni de que te pongas a llorar. Más bien lo que quiero es que te pongas feliz porque te voy a poner a gozar. Aunque, siendo sincero, estoy un poquito arrecho contigo, ¿recuerdas lo que significa arrecho? —No le respondo, solo comienzo a dar pasos hacia atrás porque él lo hace hacia mí. Lo peor es que he cerrado la puerta, si tan solo la hubiera dejado abierta podría salir corriendo en este momento. —Arrecho, ya que no respondes, tiene dos significados. Uno es cabreado y el otro, es estar con ganas de meterte la v***a hasta el fondo para que grites de placer. Bueno, no tan así, pero eso significa y eso es lo que quiero hacer, lo que voy a hacerte. —¡VETE, DÉJAME EN PAZ! No tengo cómo escapar, mi espalda choca con la puerta y él está casi encima de mi cuerpo. No es mucho más alto que yo, pero aun así, sé que siendo hombre puede que tenga un poco más de fuerza y pueda conmigo. —Amor… me lastimas con esa actitud. Mejor te quedas calladita. Luis, si es que se llama así, toma de mis mejillas y las aprieta con fuerza. Intento alejarlo con mis manos, pero como lo temí, él es más rápido y tiene fuerza como para poder conmigo. Aparta mis manos y de inmediato toma mi cabello con la mano que le queda libre. —Por qué no hiciste lo que te dije, ¿ah? Te hubieras ahorrado todo esto ahora. —Me besa a la fuerza mientras que intento alejarlo colocando mis manos en su pecho—. Desde el inicio de nuestra relación hiciste todo mal. En vez de gastar dinero en un pasaje para ir donde el marica ese, que no sé qué tan puto sea, debiste ir para mi casa para que viviéramos nuestro amor. —¿De qué amor me hablas? TÚ MISMO DIJISTE, VETE A LA v***a, VIEJA, GORDA, FEA Y RIDÍCULA. TAMBIÉN DIJISTE QUE YA TE TENÍA HARTO. —Vuelve a besarme a prepo y muerde mi labio inferior, haciéndome doler—. MMMHHHSSS. —Logro separarme—. ¡SUÉLTAME, HIJO DE PUTA! ¿Por qué me haces esto? Yo no te he hecho nada, éramos… creí que éramos buenos amigos, Luis. ¡Suéltame, por favor! El miedo hace que me ponga a temblar. Ni siquiera es tal cual siempre se mostró, seguramente usaba filtros para todo. —Te lo dije, recuerda, haz memoria. Te dije que era muy atrevido y que me gustaba mucho hacer cosas que los demás no quieren. Lo que no me gusta es cuando se rehúsan a obedecerme. Como cuando me desobedeciste el día que te dije que fueras a hacerte ver por un médico porque estabas malita de la garganta. O como cuando te pedí de manera amable que me enviaras un pasaje para ir a vivir contigo. —Estás loco, deja que me vaya, por favor. No diré nada y podremos hacer de cuenta que acá no ha pasado nada. —No, ts, ts, ts… Te voy a hacer el amor y a nuestro primer hijo. ¿Recuerdas que te dije que quiero tener 4 bebés contigo? —Ay, Dios, este tipo está mal de la cabeza. —AUXILIOOOOOOO, AAAAAAH Me sacude del cabello y me da una cachetada. —Vuelve a gritar y te parto la cara… Perdón, mi amor, no quería hacerlo, pero tú me obligas… En ningún momento suelta la mata de cabello que tiene atrapada en su puño y de esa manera me mueve a su antojo. De verdad esto no puede estar pasando. Estamos en el último piso y en la última habitación, las probabilidades de que alguien me escuche, no sé cuáles son, pero dudo que sean muchas. Besa mi cuello y siento la molestia por la fuerza que ejerce para hacer succión, gira mi cuerpo para dejarme de espaldas a él y me da contra la puerta que, creo, es la del baño. —¿Recuerdas mi sueño? —Déjame… he… he. —No puedo dejar de llorar, estoy aterrada—. No me hagas daño, por favor. —Cierra la maldita boca o te la cierro con mi v***a. No es mala idea, pero ahora mismo se me antoja tocarte un poco, ya luego me la podrás mamar. ¿Por qué le mostraste la foto de mi pene al putito? Haré que no pienses en que es pequeña, te voy a coger tan duro que no te va a parecer para nada chiquita. Nación, mete sus sucias manos dentro de mi playera y tira de mi sostén rompiéndolo en el acto. Manosea con brutalidad mis pechos, pellizca y estira mis pezones haciendo que me duelan; y de inmediato baja la misma mano hasta llegar a mi pantalón. —NOOOOOO, DÉJAME, DÉJAME, POR FAVOR…. NO TE HE HECHO NADA... NO SEAS MALO, DÉJAME, DÉJAMEEEEEEEE, AUXILIOOOOOOO. —CÁLLATE, MALDITA PERRA —grita en mi oído mientras que su mano aprieta mi v****a sin el menor de los cuidados. . . . . MAIKA . . —Iré a ver a Xam, además quiero conocer a Mr. D, ese tipo es súper divertido. Me cae muy bien, ¿ustedes están bien? —Ebba asiente—. Gracias por dejar que me duche primero. Volveré en unos minutos así tú puedes bañarte tranquila mientras que yo cuido a esta pequeña demonio. —Tío, quiero ir contigo a ver a la tía Xam, ella no estaba feliz cuando nos bajamos para venir a la habitación. Creo que tenía miedo. Lo que dice la pequeña me inquieta y miro de inmediato a Ebba. No hay posibilidad de que algo le suceda, no vimos nada extraño. De igual manera algo me hace estar inquieto, así que salgo sin decir más. Camino a paso ligero hacia el elevador presiono el botón para solicitarlo y espero, el maldito está en la planta baja. Piso 1. Piso 2. Piso 4. Piso 7. Al fin llega, las puertas se abren y de él se bajan 3 personas, 2 chicas y un hombre. —¿Maika? —El hombre es quien me nombra y lo miro, sobre todo me quedo pensando en quién puede ser—. Soy yo, D. —¿D? Oye, ¿tú no estás registrado en el piso 10? —No, hermano, ¿sucede algo? —¿Tu nombre es Armando Lagos? —Asiente, adoptando un gesto serio y a mí se me hiela la sangre. —No sé cuál es el problema con mi nombre, al parecer somos dos con el mismo nombre y apellido, pero no recuerdo a ningún otro mexicano en nuestra alianza. A menos que sea uno de los callados, esos que participan, pero no hablan. —¿Puedes acompañarme? —Presiono nuevamente el botón del elevador porque se ha ido—. Creo que Xamira podría estar en peligro. —Claro. —Mira sobre mi hombro hacia donde está la rubia que se bajó con él—. MRG, lleva mi maleta, ya volvemos. —¿Está todo bien con Xam? —Hola, M, lamento esto. Espero que esté bien, luego hablamos. Las puertas del elevador se abren y bajan dos chicas más, parece que este es el piso de todos los conocidos porque las dos chicas nos abrazan y yo lo único que quiero hacer es subirme al puto elevador y ver qué pasa con mi amiga. —Lamentamos tener que irnos, pero —Mientras que D se disculpa yo detengo la puerta del ascensor que se quiere cerrar. —Maik… —Una voz ronca y profunda se escucha desde adentro del ascensor y levanto la mirada. —Tsunami… —Creo que en otro momento me detendría a babear, pero ahora mismo, no. Igual les adelanto que es muy alto—. Creo que Xam está en peligro. —Hasta más tarde, señoritas. Tsunami toma de la chaqueta de D y lo arrastra hacia el elevador, también toma de mi brazo y me hace ingresar antes de que las puertas se cierren. —Los guardias de seguridad vienen en camino porque esa es la habitación que me correspondía. Aparentemente el pedazo de mierda que está ahí arriba pagó un dinero para que me sacaran. Pero insistí, amenacé y acá estoy. —Sí llega a ser ese hijo de puta… —No le va a quedar ni el oxígeno en el asentamiento, ¿lo recuerdas? —¿Qué es lo que está sucediendo? —Lo que te comenté, D. Eso lo dice Tsunami y asumo que entre ellos no hay secretos porque el mexicano levanta la ceja y adopta una postura que no me gustaría que me dedicara. Literalmente estos dos dan miedo. El ascensor frena en el piso 9, alguien lo llamó, pero ni bien se abren las puertas, D, le avisa a la persona que en breve se lo envía frenando la entrada de la chica que se queda mirándonos sorprendida. Las puertas se vuelven a cerrar. Mi ansiedad crece y de verdad parece que pasará una eternidad entre los escasos metros que hay de distancia entre ambos pisos. La maldita caja nos libera al fin. Nos bajamos y de inmediato escuchamos a lo lejos, algo que se asemeja a un sollozo. Mi cuerpo tiembla y los tres salimos corriendo hacia donde nos guía el sonido. Tsunami parece muy seguro porque se nos adelanta, llega a una puerta, tira la maleta y saca la tarjeta magnética de su bolsillo trasero. —NOOOOOO, POR FAVOR… Escucho el llanto de mi amiga, en el preciso momento en el que la puerta se abre y ella es lanzada al suelo de una fuerte cachetada. —Ahora sí, estás muerto….
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