CAPÍTULO 11...
XAMIRA
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—¿QUÉ? Ay, no, esas excusas tan vagas, Xam…
—No sé, eso fue lo que él me dijo y si lo vemos desde el punto de vista, como me explico… A lo que voy es que sabiendo las cosas que han sucedido con su padre, no es descabellado pensar que el hombre le quitó el celular o algo así, no lo sé. Quiero creerle.
—Está bien, pero no me cierra; tiene 22 años, no 12.
—En fin, se ha disculpado. La cuestión ahora son esos mensajes dando alusión a que algo le pasa conmigo, me bloquea en el momento y no sé cómo responderle. No quiero que crea que hay posibilidades de algo más que una amistad.
—¿Y eso por qué?
—Cómo por qué, es un niño, Maik.
—Bueno… Niño, lo que se dice niño, no es. El tipo es un hombre de 22 años.
—Yo soy una mujer de 34, pero de todas maneras no hablemos cosas que no son. No va a suceder nada en plan romántico. Ya sabes que no. Además, no sería viable, él está a miles de kilómetros de distancia… Hay mucha tierra de por medio entre nosotros.
—¿Hueles eso?
—¿Eh?
—Huele a excusas baratas.
—Maikaaaaa, no podría ver con ese tipo de intenciones a alguien por chat, nada más. Entiendo que hay personas que conocen a los amores de su vida a través de un chat o mediante llamadas y videollamadas, pero no es mi caso. Imagínate que soy desconfiada en vivo y en directo, no esperes que confíe virtualmente en alguien que profesa amor eterno sin verme o tocarme.
—Ten cuidado, no escupas para arriba que te puede caer en la frente. Mira si el día de mañana descubres que te estás enamorando de él, te vas a meter todo ese discurso en el medio del culo.
—Noooo, en el culo no, gracias. —Ambos reímos a carcajadas gracias a mi gesto de dolor—. Déjame virgen no más.
—De eso te puedo dar cátedra, amiga mía. Hablemos de algo que no tiene nada que ver, pero nos interesa demasiado…
—¿El viaje? —Lo interrumpo y termino la frase por él.
—Exacto… Estoy ansioso. ¡AHHH! Jajajajaja. He estado viendo apartamentos, bueno, hemos estado viendo, porque ya sabes que no me pienso alejar de mi amiga.
—Ya quiero conocerla, te lo juro. Se me hace que me va a caer súper bien.
—Estoy seguro de eso. Es una mujer muy divertida a pesar de todo por lo que tuvo que pasar. De vez en cuando nos tomamos una copa de vino y de a poquito ha ido hablando de su pasado, no es nada lindo. De los tres, ella es la que está más rota, creo yo.
—No te voy a preguntar por obvias razones, pero de verdad espero que en algún momento se pueda desahogar y deje ir todo eso que la agobia o la hace sufrir.
—Me encantaría que lo hablara contigo, creo que tienes un don con los demás. Para mí eres una mujer que, con el simple hecho de escuchar a alguien y decir las pocas palabras que se te ocurren a modo de consuelo, ayuda a sanar.
—Que haya funcionado para ti, no quiere decir que los demás se sientan menos rotos cuando yo los escucho.
—Sí, mejor no te digo lo que pienso… Siempre echándote a menos. Pero así te quiero.
No me sale una respuesta inmediata y no es que no lo quiera, solo que me cuesta expresar mis sentimientos en algunos momentos.
Hablamos muchísimo, nos reímos, lloramos un rato recordando cosas innecesarias y nos tomamos una copa de vino. No suelo hacerlo, no es la bebida que más me gusta, pero, de vez en cuando, me dejo llevar.
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—Anda, Xam, solo un ratito.
—Ok, pero a las 10 pm salgo porque mañana debo despertar temprano.
—Pos, me conformo con una hora, hermosa.
Nación: Ven, vamos a hacer la excavación y luego una zona de plaga.
Xamira: 1 hora. De verdad hoy necesito acostarme temprano, mañana debo hacer unos trámites.
Nación: ¿Está todo bien?
No sé si decirle que me voy de viaje.
Xamira: Sí, todo está bien.
Hacemos la excavación como siempre, a mí no me gusta tanto porque como soy débil, siempre hay algún jugador en la vuelta que me quiere atacar o robar los cofres que saco. Lo que hacemos es que él busca y yo recojo o mientras que yo estoy excavando, él se queda cerca para defenderme.
Terminamos bastante rápido a pesar de que a esta hora hay muchos que están excavando al mismo tiempo. Por suerte encontramos un lugar en donde estamos solos los dos.
Nación: Eso fue muy rápido y fácil.
Xamira: La mejor hasta ahora.
Nación: Únete, ya inicié la zona de plaga.
Xamira: Ok.
En la zona, dependiendo del nivel de dificultad, es la cantidad de infectados que debemos matar, a su vez, cada uno de esos ataques nos consume energía. En fin, ya casi estamos terminando y sinceramente quiero hacerlo rápido porque de verdad necesito acostarme. Últimamente me he estado acostando muy entrada la madrugada o directamente no duermo y eso no me hace bien porque luego duermo de día y ahí es cuando pierdo horas de escritura.
Mañana debo levantarme a las 6 de la mañana e ir a sacarme el documento de identidad nuevo. En un par de semanas viajo y en un mes y medio se me vence el mismo, lo que sería un problema y me representará tener que volver.
Luego de eso, voy a ir a ver a mi madre para notificarla de mi partida, no le he dicho nada antes porque ella suele hacer que se vuelva todo negativo y eso me molesta demasiado. Siempre termino desistiendo gracias a su negatividad, es extraño.
De la nada, en el último asalto a la matriarca, el juego me saca y se cierra solo. No pasan ni un par de minutos cuando mi celular comienza a sonar y sé quién es sin mirar.
—Te sacó, ¿verdad?
—Sí, no sé qué pasó.
—Servidor en mantenimiento, espero que nos dé por válida la zona de plaga.
—Ah, ok. No entendía nada y ya estaba por reiniciar mi teléfono creyendo que el aparato había sido el problema. Bueno, me voy a dormir, te mando un beso enorme y espero descanses.
Me despido y pongo el teléfono en silencio, por lo general así comienza el juego de despedidas y nos agarra el amanecer conversando de la vida de la langosta.
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Creo que si sigo aquí parada haciendo la fila de espera para la entrega de mi documento, voy a matar a alguien. El tapabocas es algo que detesto y no entiendo cómo los asiáticos lo utilizan todos los días de su vida. Creo que esta es una de las razones por las cuales yo evito salir de mi casa.
Avanzo, me entregan el documento y salgo de ahí derecho a la casa de mi madre. Voy caminando mientras voy escribiendo en mi teléfono algunas anotaciones, cosas que se me van ocurriendo para mis libros. A menudo me pasa que voy en el bus y observo a alguien imaginando cómo es su vida y de allí salen mis ideas.
El viaje es muy corto y cuando me bajo del bus es cuando me pongo ansiosa, nerviosa, con ganas de regresar por donde vine.
Toco el timbre y espero, acomodando mi ropa, así como el cabello.
—Ah, Xamira. Entra, tu madre está en el estudio con una belleza. —Esto último lo dice mirándome de arriba a abajo con desagrado.
Sí, es el marido de mi madre el que me acaba de abrir la puerta. Me da paso e ingreso observando a detalle los grandes cambios que han hecho en la casa donde crecí; casa que también es de mi desaparecido padre y, por ende, también mía.
Camino erguida, lo hago en automático, voy directo a lo que antes solía ser mi bello dormitorio. Ahora lo han convertido en un estudio para mi madre. Lo triste es que me tiraron lo poco que había dejado, no es que pensara en volver a vivir aquí luego de que me echaran, pero eran mis cosas.
Me resulta irónico tener que golpear mi propia puerta, sin embargo, ya no la siento mía.
Tras un vago “adelante”, abro la puerta con lentitud y observo.
—Xamira, pasa por favor y sé rápida porque tengo mucho trabajo.
—Hola, mamá. Yo estoy bien, gracias por preguntar. ¿Tú cómo estás?
—Hablo en serio, tengo un día lleno de trabajo.
—Bien, solo te quiero avisar que me voy de Uruguay. En dos semanas viajo, voy a estar en Londres por si te interesa saber. No te molestaré, no necesito dinero y no pienso volver. ¡Adiós!
No le doy tiempo ni siquiera a reaccionar, solo me doy la media vuelta y me largo por donde vine. No sé si me siento más enojada que triste, o al revés, tal vez estén ambos sentimientos a la par. La puerta, tanto de mi ex habitación como de salida a la calle, sufren las consecuencias de mi ira contenida.
¿Cómo puede ser que alguien que ha salido de ti, no te importe en lo más mínimo?
Es lamentable, pero cada día me convenzo más de que hay personas que es mejor perderlas que tenerlas cerca.
Adiós mamá...