FIRE

2686 Palabras
Cuando regresó a su trabajo el lunes todos lo miraban desconcertados, pero él bajó del auto tranquilamente y no saludó a nadie, únicamente a su secretaria quien de todas maneras le habló de buena manera. Los demás sospechaban de él, y sabía que se decían tantas cosas que mejor no importunar, mejor dejar que los demás hablen y hablen, a final de cuentas quien realmente sabía la verdad era él y no le iban a ganar, no ese día al menos. Le dijo a su secretaría que necesitaba un tiempo a solas, que por favor nadie lo molestara ya que iba a hacer algo importante, y ella aceptó. Cerró la puerta con llave de su escritorio y se sentó sobre el sillón, limpió la mesa, y colocó el atril con la cámara alejada un poco de él. Se había maquillado un poco porque su maldito padre justo se le había ocurrido golpearlo el día anterior y debía parecer lo más inmaculado posible para aparecer frente a las cámaras. Empezó la grabación, y él comenzó sonriendo, posó sus manos cerca de la mesa y acercó su cuerpo a ella. — Hola a todxs les habla Lukács Kazino actual CEO del departamento. El día de hoy hago este vídeo intentando aclarar las noticias del día anterior donde una mujer llamada Yuri mencionó que efectivamente la había mordido y entonces la mayoría puso en duda mi confianza. Ya sabrán que anteriormente han intentado hacer lo mismo otras personas con noticias falsas sobre mí y exageraciones. Por lo cual, nuevamente hoy me siento acá para decir que se trata de otra noticia falsa y antes de que comiencen a sacar sus propias conclusiones, puedo decir que Yuri era una ex-empleada de la casa, pero dejó su empleo hace unas semanas. Nunca la mordí porque los vampiros no existen y creo que todxs lo sabemos. No sé qué le ha sucedido a esta mujer, pero no se dejen engañar por noticias siguientes que vayan a salir en estos días. Yo estoy disponible para hacer entrevistas y aclarar los malentendidos porque no quiero que se difundan malos rumores sobre mí, y especialmente rumores extraños y perversos.  Ahora, le hablo a usted, la persona que hizo la entrevista y la sacó a la luz. ¿Por qué no viene directamente a hablar conmigo? Quizás de esa manera podamos arreglar nuestras diferencias, a menos que le moleste que yo esté sentado acá y no usted. —sonrió la cámara y terminó el vídeo.  Pasó la filmación a su computadora y allí lo subió a todas sus r************* . Seguramente en unos minutos salían diferentes títulos. Colocó música. Específicamente “Cessate Omai Cessate” de Vivaldi y la oyó de manera pacífica, no atendió su celular, no quería ver cómo explotaban las redes finalmente. Se quedó sin hablar durante unos minutos, porque si bien sospechaba de quién era la persona, las cosas se iban entrelazando y eso hacía más fácil adivinar. La persona que lo amenazaba no había escondido muy bien su identidad, pero cuando él la descubriera finalmente con las manos en la masa pondría toda su artillería pesada. Se iba a encargar que esta persona no esté más en la tierra.  Alguien tocó la puerta, así que bajó la música y él se acercó para abrirla ya que tenía la llave puesta. Circe ingresó con su celular en mano y lo aplaudió.  — Estuviste fantástico. Fue una filmación limpia e interesante sin ningún detalle extra. —le confesó apoyándose contra la puerta.  — Sí, espero que sirva de algo. Es uno de mis últimos planes, no sé qué más hacer si esta persona se vuelve contra mí. — Algo se te va a ocurrir, además te puedo ayudar, ¿sabes? —le guiñó el ojo y Lukács rió bajo. — ¿Y qué tal tu primer día de trabajo? — Bueno, imaginate que apenas estoy acá hace unas horas y ya pasó lo tuyo, así que no tuve tiempo de aburrirme. En la empresa de lo único que se habla es de vos. Pero, por otra parte, estoy bien, la gente es amable y me está ayudando bastante. Gracias por darme la oportunidad.  — Qué bueno que las cosas estén saliendo bien para vos. Me alegro mucho. Voy a salir por unas horas, ¿si? Si alguien pregunta por mí, deciles que estoy haciendo algo importante.  — Como quieras. —se despidió de él y Lukács se paró sobre la puerta. La observó irse hasta su escritorio.  Él agarró su abrigo y fue hasta recepción donde se encontraba su secretaría personal. — Voy a salir por unas horas, ¿si? Cualquier emergencia pueden comunicarse conmigo por mail o directamente al teléfono. Su secretaria asintió con la cabeza y también se despidió.  El chofer lo esperaba abajo, de inmediato se subió al coche y le indicó la dirección. Apenas fue llegando al lugar que deseaba, comenzó a sonreír. Seguro eso le aclararía un montón de dudas. Golpeó la puerta del salón donde le habían hecho la fiesta a él y la atendió una mujer, aunque demasiado sorprendida al verlo allí. Lukács la miró extrañada, pero después sonrió. Seguramente la mujer lo había visto en las noticias y de repente tener a un supuesto vampiro en el salón de fiestas, quizás no era algo muy usual.  — Hola, buenas tardes. ¿Qué necesita? — Buenas tardes, soy Lukács y hace unas semanas hicieron una fiesta para mí. Quisiera la lista de invitados de ese día, ¿puede ser? — Pensé que a usted le habían dado la lista de invitados. Ahora me voy a fijar si está. Casi siempre se le da la lista de invitados a la persona.  — La fiesta la hizo la empresa para la que trabajo, pero no sé quién. Usted sabe… Fue algo “sorpresa”, quizás ni se fijaron en ese detalle.  La mujer no parecía muy convencida en realidad, pero lo dejó pasar. Lukács se quedó parado en el medio del salón y volvió a ver la columna donde sucedió su ataque contra el amante de Malika. El tipo no estaba drogado, pero de repente los análisis habían dicho que sí y además había usado una droga que lo volvía  violento. Era obvio que había sido todo armado. ¿Y qué tal si la fiesta había sido simplemente una trampa en la que todos entraron sin saber que era? ¿Y qué tal si había sido algo armado? Su cabeza no paraba de pensar en eso, pero aún le faltaba una pista, ALGO que pudiera sacarlo de ese vacío y estar un paso más adelante que ella. Después de unos minutos regresó con una lista de invitados.  — ¿Necesita algo más, señor Lukács Kazino? — ¿Cómo sabe que soy Lukács Kazino?  La muchacha lo miró con manos temblorosas y mordió su labio.  — Es bastante imposible olvidar un rostro como el de usted. Además salió en las noticias, hace dos días que está en las noticias.  — Gracias. Y sí, lamentablemente se esparcen noticias falsas últimamente.  Tomó la lista de invitados y se despidió de la mujer quien continuó mirándolo hasta que se subió al auto. Notaba la curiosidad en ella, cuando se sentó en el auto, comenzó a leer los nombres de quienes estaban invitados. Nada muy interesante, eran personas de las cuales conocía al menos sus rostros, también estaba Malika y Maxime, eso le dio gracia ya que ellos no habían ido. Era obvio que lo había hecho alguien de la empresa y además sin que él se enterara habían contratado a muchachas para que se acuesten con ellos, había más o menos 10 nombres que no coincidían con ningún rostro que él haya visto o conozca, eran nombres artísticos. Continuó leyendo la lista sin mucho interés, pero en un momento dado, en la última hoja, levantó su ceja y sonrió para sí mismo. Podía leerse el nombre de: “JESSICA MIRANDA”. Alguien estaba usando su apellido, por lo cual, antes de dirigirse a su mansión, le pidió al chofer que lo lleve hasta la casa de su madre. De una vez por todas averiguaría ese maldito misterio que lo estaba rondando. Su corazón golpeaba el pecho, no sabía por qué, estaba nervioso, pero ¿por qué? ¿por ver a su madre? No, no creía que esa fuera la razón. Pero el nombre Jessica también se aglomeraba en sus pensamientos buscando algún punto de conexión, sin hallar ninguno, buscando en su infancia, aunque no deseaba entrar a sus recovecos más oscuros. El chofer le avisó que ya habían llegado, y él volvió a la realidad. Se bajó dejando la lista de invitados dentro del auto, y observó que las luces de la casa de su madre estaban prendidas, así que golpeó la puerta. El atardecer se asomaba ya. La mujer abrió la puerta y le sonrió. Aún continuaba igual que siempre, sin embargo, notó en sus brazos dos pinchazos, y Lukács alzó una ceja. Era obvio que se estaba inyectando heroína. Los pinchazos eran viejos y según lo que él recordaba únicamente lo hacía cuando estaba en sus momentos más críticos.  — Hola, cariño, después de algún tiempo volviste. ¿Cómo estás? ¿Te traigo algo? Lukács entró y se sentó en el sillón cómodamente. Cuando su madre le preguntó cómo estaba, la miró de refilón y arqueó sus cejas.  — ¿No ves las noticias Salomé?  — No. — Qué raro, pero te habrás enterado de todo porque tu teléfono lo tenés siempre con vos, ¿o no?  — Hace dos días que hay noticias tuyas y eso está inundando las redes junto con el vídeo que filmaste también. Dios mio Lukács, apagué el celular porque no puedo aguantar leer algo más tuyo, no quiero enterarme nada más malo que tenga que ver con vos, ¿entendés? Es increíble. —se mordió el labio y se trajo una silla cerca de él.  — ¿Qué es increíble Salomé?  — Las noticias. —bebió el agua que tenía en su mano.  — Qué raro que estás tomando agua.  — Quiero cambiar mi estilo de vida, ¿está bien?  — Seguro algo más escondes.  — Lukács, me tenés harta. ¡Siempre sos así conmigo! Siempre me estás juzgando, ¿por qué no pensás que podría llegar a cambiar en algún momento, eh? Y después no te gusta que a vos te juzguen. ¿Qué tal si yo creyera todo lo que dicen las noticias sobre vos, sobre mi hijo?  — Cree en las noticias porque son reales, al menos esta vez sí. Pero no me importa, Salomé, no vengo a escucharte victimizarte sobre tu vida, más bien vengo a preguntarte quién es Jessica Miranda. Tiene tu apellido así que debe ser alguien de nuestra familia. Al oír ese nombre, el vaso de agua cayó de las manos de su madre y debido a eso, Lukács frunció el ceño y negó con su cabeza. — Yo sabía que algo guardabas, Salomé. —le confesó sonriendo y la miró a los ojos. Las manos de su madre temblaban y se levantó de la silla. Lágrimas comenzaron a caer de su rostro, por eso Lukács le prestó más atención. ¿Qué le estaba pasando ahora? ¿Qué tenía?  El rimel de sus pestañas comenzó a caer en oleadas negras sobre los pómulos y después de unos minutos, cuando pudo calmarse, y con un silencio incómodo, habló nuevamente, con una voz que se rompía en mil pedazos, frágil. — Nunca pensé que escucharía ese nombre de vuelta. —le confesó limpiándose y su hijo se mantuvo sentado golpeando sus rodillas apenas con los dedos en un intento de demostrar su impaciencia.  — ¿Quién es? — Bueno. Era mi hermana…  En ese instante, Lukács abrió sus ojos grandes y soltó una carcajada. — ¿Tu hermana? ¿O sea que sí tenía una tía todo este tiempo y nunca lo supe? — Tenías, Lukács. Ella se alejó de mí en la adolescencia, lamentablemente debido a nuestros padres, las dos nos separamos y empezamos a vivir en la calle, pero ella me llevaba unos cinco años a mí así que era quien traía la comida y demás. Cuando se enamoró y encontró un lugar donde quedarse, me llevó ahí, pero yo fui por un mal camino, entonces me quedé sola. Jessica murió hace un tiempo, hace unos años atrás. Murió en un accidente.  — ¿Toda mi vida me escondiste que tenía una tía? Siempre pensé que éramos nosotros dos nada más. ¿Y por qué nunca la conocí? — No sé, tenía miedo de ser juzgada. No quería dar el brazo a torcer, aunque tu tía nunca fue mala, siempre tuvo un gran corazón. Siempre me ayudó en lo que pudo, pero por peleas entre nosotras, por tonterías mías, ella nunca te conoció aunque sí sabía de tu existencia. Siempre supo que tenía un sobrino.  Ahora sí se largó a llorar de manera desconsolada y se abrazó a Lukács. Él la rodeó y colocó su cabeza sobre el hombro ajeno. — Lo lamento tanto. —le dijo y él le acarició la cabeza asintiendo. — Ya pasó. Pasaron años y ella está muerta. Pero tendrías que haberme dicho, al menos en estos años cuando yo crecí, quizás la podría haber conocido y sabido que había una Miranda más. Ahora lo sé y eso es suficiente. —sentía tristeza y decepción. No pasaba un día sin que se sienta de esa manera, únicamente su día se alegraba cuando estaba con Iris, por lo demás todo era malo, todas eran malas noticias, aunque había logrado ser el CEO de la empresa, no sentía esa emoción que pensó. Algo le faltaba. Algo le había faltado toda su vida. Era como un jarrón roto que por más que lo arregles, el agua continúa escapando y continúa corriendo, huyendo. Eso venía de familia y lo notó esa misma noche con el secreto a la luz del dilema entre hermanas.  — ¿No tenés alguna foto de ella que puedas mostrarme? Me gustaría saber cómo era.  — Sí. Te voy a mostrar. —respondió su madre y se separó de él secándose las lágrimas. Fue rápidamente hasta su habitación, en ese instante Lukács se paró y buscó las jeringas en el sillón, y debajo de la mesa. Recordaba haberla visto pegándolas cuando era pequeño, finalmente encontró dos, ya parecían usadas así que las guardó en una bolsa que traía consigo. “Nunca pierde las costumbres” pensó para sí mismo, luego volvió a sentarse y justo en ese momento su madre volvió con una foto de Jessica.  — Ahora que lo pienso es muy parecida a vos. —le entregó la foto y Lukács la tomó con cuidado.  En verdad sí era parecida a él. Tenía el cabello rubio y los ojos verdes, sus facciones eran bonitas, increíbles. Sus ojos llamaban su atención. Aunque ahora sabía que Jessica había fallecido, por lo cual, alguna persona había usado ese nombre para pasar desapercibida en la fiesta. Después de unas horas, se despidió de su madre y volvió a la mansión. Allí se encontró nuevamente a su padre y a Jules.  — ¿No pensabas responder los mensajes en todo el día, no? —le dijo su padre ciertamente enojado.  — No. Ni siquiera lo miré porque sé que empezaron un montón de rumores sobre mí y hay noticias falsas circulando, no quiero ver nada de eso, no quiero que eso llene mi cabeza. —le contestó y se sentó a fumar un cigarrillo.  — ¿Dónde estabas entonces?  — En la casa de Salomé.  — ¿Cómo está ella? — Igual que siempre. No podés esperar mucho de ella, ¿o si?  — Quería pedirte perdón Lukács por haberte golpeado ayer, no lo quise hacer. Pero estoy preocupado por vos, por todas estas tonterías que salen a la luz. — Está bien. Ya pasó. Ahora tenemos que enfocarnos en la persona que está amenazándome.  La persona ya tenía un rostro y un nombre, pero Lukács lo llevaría hasta el final.
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