Landon me lanzó una sonrisa y se marchó. Continúe caminando hasta mi carro.Apenas di unos pasos cuando escuché la voz cortante de Daniel detrás de mí. —¿Qué mierda crees que estás haciendo, Valeria? Sonreí sin siquiera voltearme, disfrutando de cómo su tono destilaba enojo. Me giré con lentitud y me crucé de brazos, fingiendo inocencia. —¿Ahora qué hice, coronel? ¿Respirar también te molesta? Su mandíbula se tensó aún más. Caminó hacia mí con paso firme, su uniforme perfectamente alineado, su autoridad reflejada en cada movimiento. —No juegues conmigo —espetó—. ¿Desde cuándo coqueteas con militares? Reí suavemente, inclinando la cabeza. —¿Te afecta, Morgan? ¿O acaso crees que tienes derecho a opinar sobre con quién hablo o dejo de hablar? —No es tu tipo —afirmó con frialdad. —¿Ah,

