Me dirigí a mi oficina, lista para comenzar el día, pero no pude evitar reír al ver a Daniel Morgan entrando al edificio. Su expresión era tensa, su mandíbula apretada, y sus ojos destilaban rabia contenida. Parecía un animal herido, humillado y furioso, justo como yo quería. Cada paso que daba, me demostraba lo mucho que su fracaso le pesaba. No pude evitar sentirme satisfecha. Me crucé de brazos, aprovechando mi posición, y lo esperé en el pasillo con una sonrisa burlona, como si estuviera disfrutando de un espectáculo privado. —Buenos días, coronel —lo saludé con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas sobre lo que pensaba. Él me lanzó una mirada oscura, llena de veneno, como si quisiera devorarme con los ojos. —Valeria Sandoval —escupió mi nombre como si fuera un insulto, y aunque

