La fiebre ha bajado, lograron detener los episodios de convulsión y Carlos ha logrado mantenerse despierto por más tiempo; solo en su habitación a las ocho de la tarde observa por la ventana, el cielo gris amenaza con dejar que la lluvia caiga y los relámpagos son la única luz que hay en el cuarto de hospital. Suspira cansado, quita las mantas de la cama y se pone de pie dirigiéndose a la ventana, siente que algo no anda bien, que no es el mismo de siempre, que le falta algo y eso lo mantiene en desvelo. Abre la ventana dejando que el característico y habitual aroma antes de una tormenta entre, cierra los ojos y siente la brisa acariciar su piel pero sigue siendo distinto; hasta hace unos días esa sensación era maravillosa, embriagante y lo conectaba con el mundo de una manera inimaginabl

