Unas manos suaves y delicadas acariciaban mi pecho desnudo, era delicioso sentir ese mimo ya que había pasado unos momentos críticos. Nunca había sentido tanto miedo en su vida, ni siquiera cuando Hank lo amenazaba o le daba una golpiza. El hecho de que ese hombre lo apuntara con su arma y que Clara tuviese una apuntando hacia el sujeto es una marca en su mente que sentía prácticamente en su piel. La mano bajaba por su abdomen marcando un recorrido seductor hacia sus oblícuos que lo hizo suspirar de placer, se encontraba recostado del lado izquierdo y cuando esa mano curiosa tocó su hombría, la sensación tan intensa hizo que recostara su ser hacia arriba para continuar con el disfrute de la caricia. — ¡Hola! - la agradable voz de Susan, me hizo temblar al sentir su aliento en el oído —

