A las semanas siguientes, Alexio ya había resuelto todos sus asuntos de negocios, pero aún no le había revelado la verdad a Dulce. Cuando llegaron a Rusia, Carmelina le dio un ultimátum: o le decía la verdad a Dulce ella misma se encargaría de hacerlo. Finalmente, Alexio tomó la decisión de confesarle, pero a su manera. Como estarían en su casa en Rusia, el escenario le parecía más adecuado. Para hablar con ella, volvió a hacerse pasar por Sergey, sabiendo que después de esa noche ella conocería su verdadera identidad. —¿Cenamos juntos, Dulce? —Normalmente ceno con todos en la cocina —respondió ella. —Bueno, hoy cambiarás tu rutina. ¿Te reunirás conmigo? —Alexio la miró con una mezcla de incredulidad y diversión. —Creo que podemos hacer algo mejor que eso. —¿Qué cosa sería mejor? Ese

