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1081 Palabras
—¿Alguna novedad acerca de la dichosa información?. Le pregunta Dante a su hermano mayor, Alessandri. No parece realmente interesado en aquel tema, ni sabía precisamente para que Alessandri le había pedido a el y al segundo mayor, Bastián, que lo acompañaran hasta la gran biblioteca de Murus. Un viaje que tomó alrededor de una semana sin parar por más de quince o veinte minutos, ya algo cansados por el viaje los dos hermanos veían a Alessandri bastante nervioso, puesto que, sentía que algo faltaba. Miró el abanico que aún lleva en su mano tras todo el viaje, para algo se lo han dado, no sabía para que pero para algo era, no se había dado cuenta de que inconscientemente aun lo apretaba en su puño. Frunció el seño y lo abrió, era un poco extraño, en su interior se veia lo que parecían ser constelaciones reales, y que cambiaban con el paso de las horas. Le resultaba más curioso el abanico que el mismo punto de buscar la información. En si mismo quería creer que era real, todos querían creer que realmente en Köd habia una entrada a tantos lugares prohibidos para los mortales bajo los cielos, que había herreros de armas legendarias, hechiceros que podían mover las estrellas, alquimistas que convertirían todo en oro, que podrían llegar a la forja estelar y ver con sus propios ojos a los grandes Titanes, llegar al centro donde tiempo y espacio convergen, pero, nadie podia probar nada de eso, quería resolverlo y ser de los primeros para poder siquiera obtener una infima de ese conocimiento tan milenario y prohibido. Seguía pasando algunas páginas, revisaba algunos rollos que iba buscando como si algo faltará. Por su parte Bastián seguía observando en silencio los dibujos y descripciones de algunos animales que supuestamente se cree que siguen existiendo en Köd, adaptados a los ambientes gélidos y altas montañas del lugar. Muchos llamaban su atención, parecían especies en su mayoría omnívoros, pocos carnívoros y herbívoros adaptados a la escasa comida del lugar. Le gustaría poder ver alguno. Los animales marinos en los libros Lucían tan alucinantes como sus descripciones, muchos de ellos originados por la hibridación, quimeras y otros evolucionaron hasta conseguir ser tanto acuáticos como terrestres. Lucían cautivantes a sus ojos. Dante no conoce nada de lo que ve en esos libros, a lo mucho le interesan las aves y algunos lugares que estaban allí, algunos pocos que si captaban su interés, pero,nada más que eso. —¿Para que te entregó su abanico si no te servirá de nada?. Pregunta Dante, tomándolo de la mesa. —Eso mismo me pregunto yo. Sigue leyendo. Uno de los Murus hace notar el abanico y se inclina a observar dicho objeto en silencio, bajo las tónica blancas que cubren su cuerpo y rostro. Extiende sus dedos y lo toma mirándolo, dejando a los tres príncipes en silencio, los enormes monjes no suelen acercarse ni interactuar con nadie más allá de los designados para ayudar a los visitantes. Este se recompone enderezandose de nuevo y haciendo una ligera seña a los tres presentes. —¿Será para eso que sirve?. Cuestiona para si mismo Alessandri. Si tan solo hubiera llegado con eso en mano o si la misma princesa le hubiera dicho tal vez no tendría ocho horas de búsqueda infructuosa. O era la forma de Angyal de castigarle por molestarla. Eso era más lógico. Les guió en silencio a través de los pasillos con enormes estantes de libros que se perdían de vista. Allí les llevó hasta una parte visible pero poco visitada por la gente. Eran muy antiguos, cosa que nadie tenía en mente pues no eran fáciles de revisar. Los llevó hasta una puerta cerrada, al lado de dos mas con candado, siendo está la única cerrada sin candados visibles, ni tan extravagantes como las otras dos. —¿Esa de dónde será?. Señala dante la gran puerta negra con cadenas que tenía una llave, cuya forma correspondía a una lira. —En mi vida había visto este lugar, he escuchado de él, si,pero nadie viene acá, obviamente no hay que ser un genio para entender lo complicado qie es acceder a la histiria más recóndita de un reino, más si es un imperio, no debe haber un segundo manuscrito de dichos papeles y libros, así que, obviamente es casi sentencia de muerte el dañar alguno de estos. Las palabras de Bastian hacen que Alessandri piense mejor el que hacer, si daña alguno podría acabar causando tanto su muerte como en el peor de los casos empezando una disputa entre Köd y sollestri, si bien es un escenario arriesgado, no es imposible. —El ruido de las pesadas puestas abrirse hacia eco, el olor a papel y tienta era fuerte, el lugar estaba lleno, repleto y totalmente abarrotado de libros y libros, papeles apilados, estatuas, pinturas, objetos de toda clase, algunos retratos y dibujos a mano un poco toscos. Los ojos de Alessandri se perdieron en el masivo mapa que representaba el tamaño de Köd, que al parecer, era aún mas grande de lo que parecía, casi constituye la mitad del continente, parece antiguos ya que no se ve la representación del muro de Astall, la estructura casi circular que rodea todo el imperio. Las puertas se cierran tras de ellos luego de que el Murus le entrega el abanico a Dante señala el sol que está marcando las 12 del medio día, luego indica el reloj en la pared que tiene el dibujo de un sol y mas abajo una luna. Dante quiere creer que les dice que deben salir antes de que la luz del sol llegué a la luna. Pues otra cosa no puedo interpretar. Alessandri palidece mirando el mapa en silencio. —¿Eso es Köd?, es mucho mas grande que los demás reinos juntos… es… Es una barbaridad de territorio el que poseen. ¿Köd no tenía un ridículamente enorme y muy extenso muro?. Se asombra casi sin palabras Dante. —Si ese muro no está representado, entonces quiere decir que ese mapa tiene cerca de un milenio o incluso mucho más. El legendario muro de Astall creado a costa de la vida de más de quinientos seres afines con la magia, no solo los höher si no, seres de toda clase con tal de no volver a padecer esos horribles años en los cuales pasaron de ser alabados por su generosidad a subyugados por creerlos una r**a menor.
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