Salí de la oficina con cara de felicidad. —¿Ya te vas? —me preguntó Marilyn al verme llegar a su escritorio. —Sí… ¿Tú? —pregunté de vuelta. —Sí. Espérame un minuto, me despido de Daniel y bajamos juntas —me dijo mientras tomaba su bolso y caminaba hasta las puertas dobles que yo había acabado de pasar. —Voy llamando el ascensor —le informé, di media vuelta y caminé en dirección a los elevadores. Bajamos conversando de mi primer día, sin profundizar en nada y omitiendo ciertos detalles. Nos despedimos al llegar al primer piso, a ella la iban a recoger, y yo tenía que bajar al estacionamiento, porque había venido en coche. El viaje hasta mi edificio fue misteriosamente corto. Sentí como si me hubiese tele transportado. La ansiedad, los nervios y la emoción estaban jugando con mi men

