Capítulo 32

2794 Palabras

El barco, con capacidad para doscientos pasajeros, se mecía de lado a lado al cortar las aguas del Báltico. El cielo era tan azul como el mar, y los ojos oscuros de Alejandra brillaban con toda su dulzura. Tras las gafas oscuras, Mika la contemplaba. Estaba sentada junto a él en un área habilitada para la silla de ruedas, cerca de la proa, y no era en su belleza física en lo que reparaba, sino en la belleza de su alma. Cerró los ojos, sintiendo cada gota de sangre vibrar enamorada. El estío había llegado por fin a su vida y no había espacio suficiente para dar cobijo a la felicidad que lo embargaba. Los abrió. La brisa entraba por la ventana, agitándoles los cabellos. Se inclinó y, con delicadeza, le retiró los mechones que se introducían en sus labios. Alejandra, sonriente, le asió los d

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