Otra oscura mañana; nieve apilada en las aceras, pasos apresurados y cabezas inclinadas mirando el suelo. Mika se abría paso por las calles de Tampere en un coche alquilado, lamentándose de no ir camino a su oficina de Helsinki y ser espectador de los primeros días de Alejandra en art & viiva. Acariciaba su nombre como una dulce oración y, con esa infinita paciencia que formaba parte de su carácter, controlaba los deseos de llamar a Tommi y de preguntarle cómo le estaba yendo. Sabía que nadie en la empresa la presionaría más allá de sus límites, aun así, no sería fácil para ella hacerse un hueco en una cultura tan diferente. Sí, llevado por la curiosidad, había leído bastante sobre Colombia en aquellos días. Estacionó el automóvil en la calle Hämeenkatu. Cogió la silla, la desplegó, le ad

