CAPÍTULO DIECISÉIS Para cuando llegaron Mackenzie y Ellington al departamento forense en el centro de Richmond, la policía, junto con un detective local, ya había empezado a procesar la huella que habían encontrado en el bastón de Wayne Nevins. Mientras esperaban a los resultados, Mackenzie repasó los impresos relativos a la huella, el bastón y la escena del crimen. Había unas cuantas fotografías incluidas en el archivo, y ella revisó todo ello mientras esperaba. Le pidió al jefe de policía una pequeña zona de trabajo donde también tomó prestado un ordenador portátil. Entró a su cuenta de email y empezó a imprimir copias de todos sus archivos y fotografías para poder tener una copia física de todo. Eso de trabajar en constante movimiento de una ciudad a otra les había puesto más difícil

