CAPÍTULO DIECISIETE Se quedaron a pasar la noche en Lynchburg y cuando la cabeza de Mackenzie tocó la almohada, se sentía mucho más que simplemente fatigada. Intentó recordar un caso en el que hubiera tenido que viajar tantísimo pero no se acordaba de ninguno. Hasta después de que Ellington y ella reservaran su habitación, todavía no habían dado la noche por terminada. Habían trabajado juntos para hacer llamadas a todos los contactos que habían acumulado hasta ahora: el alguacil Clarke en Stateton, el jefe de policía de Treston, Harrison en DC, y un policía de contacto en Richmond. Sin embargo, ninguno de ellos fue capaz de proporcionar ninguna información nueva. Mackenzie acabó sintiéndose exhausta y en punto muerto. Era frustrante porque, cuando un asesino diseminaba sus crímenes, la h

