Santiago.
Estaba furioso, aquella mujer me iba a conocer.
Luego de haber llegado a casa me encuentro solamente a Daniela en el cuarto de juegos, me extraño ver a mi pequeña hija jugando sola, pero supuse que se había peleado con su hermano. Bajo hasta dirigirme a la cocina y veo a lola preparando la cena para esta noche, los niños cumplen hoy 9 años y durante todo ese año no he logrado celebrar sus cumpleaños como debería y me culpo por aquello, después de la muerte de mariana no he vuelto a ser el mismo y soy incapaz de celebrar algo antes de su fecha de muerte y me dirán que soy un padre insensible, pero algo dentro de mí me detiene.
- Hola lola- digo sentándome en uno de los taburetes de la cocina.
- Hola Santiago ¿Cómo te fue? - lola mete una bandeja dentro del horno y me voltea a ver.
- Bien, todo marcha con normalidad en el campo y hace poco se fue un camión lleno en dirección a firendall. - me quito el sombrero y lo colocó sobre el mesón de la cocina
- Santiago debes de trabajar así, mira como estas, tienes ojeras, todos los días te levantas en la madrugada y no duermes más; tus hijos te necesitan, eres lo único que le quedan.
- No puedo rosa, esas pesadillas no me dejan reconciliar el sueño, siempre la veo a ella y eso me carcome.
- Hijo- lola coloca sus manos sobre las mías- debes dejarla ir, esto te está matando lentamente, han pasado 9 años y te veo estancado, dejas a tus hijos solos, no los dejas salir a menos de que sea al jardín, debes enseñarles a divertirse, la infancia no se recupera Santiago, déjala ir por tus hijos.
- Lo he intentado, pero es que no puedo, ella siempre será el amor de mi vida.
- Claro que va a ser el amor de tu vida, fue tu primera novia es madre de tus hijos, pero ahora tu eres madre y padre y debes velar por ellos; no dejarlos a la suerte.
- Dejemos esto así lola, no quiero seguir pensando en mariana- lola asiente con la cabeza y sigue con lo que estaba haciendo- ¿has visto a Daniel? No esta con Daniela.
- Casi lo olvido- lola deja lo que está haciendo y se vuelve acercar a mí- vi al niño muy cariñoso con jazmín, se han hecho amigos.
- ¿Qué tiene que ver con el paradero de mi hijo? - pregunto extrañado.
- Como tú no estabas para pedirte permiso, me pidieron permiso para ir al centro comercial y comprar regalos para los cumplimentados.
- ¿¡Que se cree esa mujer para sacar a mi hijo!?- me levanto molesto del taburete- ¡debiste haberme llamado!
- ¡Sabía que ibas a decir que no! ¡Asique me le bajas el timbre a tu voz! - veo a Daniela bajar las escaleras corriendo.
- ¿Qué paso? ¿Por qué se gritan? - pregunta cuando llega a mi lado.
- Nada importante cariño- hablo más calmado.
- Yo mejor me voy, porque la gente no entiende cuando uno lo quiere ayudar ¿y que recibimos a cambio? Nada más que gritos- lola se quita el delantal y lo coloca sobre el mesón de la cocina- cuando recapacites me llamas.
- ¿a qué hora volverás lolita? - pregunta inocente mi hija
- Pregúntale a tu papa- lola sale de la cocina y lo último que escucho es el portazo de la puerta.
- Yo subiré para terminar mi juego- asiento la cabeza y veo a mi hija subir las escaleras.
Y el resto ya se lo saben, discutí con mis suegros como todos los años, lola aun no vuelve y no se come ver a la cara a la profesora de mis hijos. En toda la noche no pude conciliar el sueño tenía un remordimiento de conciencia de la gran mierda, era culpable de lo que me estaba sucediendo y si no salía ahora de la casa me volvería loco.
Salgo de mi habitación en pijama y tomo las llaves de auto que se encuentran en mi oficina, me subo al auto y salgo volando de la hacienda, cuando sucedían este tipo de problemas solía recurrir a la tumba de mariana, sentía una paz al estar junto a ella, hablaba con ella y de alguna mantera sentía que ella me respondía por medio de las brisas frías, llámenme loco, pero junto a su tumba me sentía como en casa.
El sol se comienza asomar en el lejano horizonte, me levanto y limpio mi chándal sucio de césped. El viento frio golpeaba mi rostro con potencia, iba a por lo menos 90k/h, sé que iba muy rápido y me llamaran egoísta, pero nada paso, llegue sano y salvo a mi hogar. Me siento cansado y me siento en uno de los taburetes de la cocina. El reloj de la pared marca las 7:00am, tenía la esperanza de ver a lola cocinando el desayuno para los niños, pero no fue así, todo está en completo silencio.
¿será que he sido el padre perfecto para mis hijos? Porque realmente siento que le estoy fallando a todos por mi actitud de hombre frio, cuando realmente soy el hombre más romántico, cariñoso y comprensible que pueda existir. La veo entrar por la puerta de la cocina con un vestido floreado color amarillo, se veía realmente radiante, parecía un ángel que viene a mí para calmar mis penas. Desde que la vi me cautivo la inocencia de su rostro, me hizo sentir lo que hace nueve años no sentía.
Ayer cuando la vi llegar con Daniel me pareció ver a una madre que está dispuesta hacer feliz a sus hijos sin importar quien se le cruce por su camino, verla a ella y no a mariana me causo tanta furia que no me pude controlar, mariana no debió morir.
- Buenos días- hablo tímida.
- Buenos días señorita jazmín- mi voz sale rasposa por falta de agua.
- Siento mucho lo que hice ayer, lo que pasa es que Daniel me conto que era su cumpleaños y no pude evitar comprarle algo por su día especial.
- También actué mal, no debí gritarte como lo hice, también me arrepentí porque Daniel dijo que no quería celebrar su cumpleaños con nosotros.
- Lo siento- jazmín se sienta a mi lado y coloca una mano sobre la mía, una corriente inunda todo mi cuerpo, la veo a sus ojos y quedo hechizado ante sus ojos mieles.
- Eres muy linda- susurro para los dos.
- ¿Qué? - la veo fruncir el ceño, de inmediato me arrepentí de haber dicho aquello.
- Nada, estoy muy cansado- alejo mi mano de la suya y la paso por mi rostro.
- ¿sabes dónde está lola? - pregunta la chica.
- Probablemente no venga por hoy, ayer tuve una fuerte discusión de la que tiene razón.
- ¿quiere que prepare el desayuno para los niños? - un nudo se forma en mi garganta, a mi llegan recuerdos de cuando mariana estaba embarazada, la veía preparar comida porque los niños ya estaban pateando su estómago, según ella los bebes estaban hambrientos y ella no podía negárselos. - ¿Santiago estas bien?
- ¡No! - contesto bruscamente- hoy se cumplen 9 años de la muerte de mi esposa, aun no me recupero de su muerte, siento que he sido el peor padre de la vida porque he convivido muy poco con mis hijos, lo único que tengo de mariana, probablemente Daniel me odie por haberte gritado y sé que tú también debes odiarme por haberte gritado otra vez, la depresión me consume poco a poco y no quiero dejar solos a mis hijos con sus abuelos manipuladores, mi vida es un asco.- trato de controlar mis lágrimas pero estas salen poco a poco bañando mis mejillas, el nudo en la garganta se había intensificado al punto de dolerme.
Siento como unos brazos alrededor de mi cuello, esas manos pequeñas peinan mi cabello lentamente, poco a poco controlo mis lágrimas, definitivamente aquella mujer había caído del cielo para protegerme, se separa de mí y me ve a los ojos.
- Nunca digas que eres un mal padre, sé que tengo pocos días de conocerte, pero a simple vista has sido un padre maravilloso, eres un ser humano y no puedes reprimir tus sentimientos, todo eso te hace mal, el desahogarte con alguien hace que el espíritu que dabas por perdido vuelva a ti con más fuerzas para sobre llevar las cosas y no perder la cordura. No digas que Daniel te odia por lo que paso ayer, porque ese niño te ama con todo su corazón, has sido padre y madre de dos criaturas hermosas que, aunque sean unos diablillos eso no les quita lo especial. Lo que voy a decir no quiere decir que te olvides de tu mujer, pero debes dejarla ir, ella merece toda la tranquilidad de su alma, no la retengas más aquí, también le haces daño.
- ¿Dónde has estado durante estos años? Llevo mis manos a sus mejillas- ere como un ángel que vino para cuidarme.
- Créeme soy todo menos un ángel, también estoy rota por dentro.
- Tal vez estamos destinado a juntar nuestros corazones rotos- uno mis labios con los de ella, sentí que por un memento se contuvo de seguir el beso, pero después lo siguió con pasión, sus labios sabían a menta y eso me encantaba, se sentía tan frágil en mis brazos que tenía miedo de que se rompiera.
Definitivamente esa mujer llego a mí con el fin de repararme.