Alberto —Se me sale el corazón de la alegría, mi Mariana hermosa, al fin te veo, te he buscado por cielo y tierra. —Alberto corrió desesperado con los brazos abiertos para poder abrazar a su amada y ella, al tenerlo cerca, lo frenó con una cachetada y con un potente grito: —Aléjate, no quiero nada contigo. Fue como si una pared de hielo polar apareciera entre ellos y el cruel silencio fue roto por la magistral voz del ángel, que comentó: —Qué difíciles son las relaciones de pareja y para ustedes mucho más, ya que están atrapados en cuatro dimensiones y no las manejan bien. —Su Señoría, yo soy un hombre de ciencia. Primero que todo, le agradezco que nos rescatara; estábamos acorralados. Es que no entiendo lo de las dimensiones. —Por supuesto, doctor Gallo, es que yo existo en diez dimen

