EL VIRUS

1098 Palabras

Mariana —Entrégueme a mis hijos. —Señora Mariana, me disculpa, pero eso no se va a poder; aunque descuide, yo los estoy protegiendo muy bien. —No, señor Almohadón, ellos son mis hijos y tienen que estar conmigo. —No, señora, lo que sí le puedo ofrecer es que se quede aquí con ellos, ¿le gustaría? —No voy a ser su prisionera; en ese caso, si no se pudo por las buenas, pues tocó por las malas. —Los ojos de Mariana se tornaron amarillentos. —Un momentito, despacito. Por supuesto que me gustaría ver la manera en que usted se transforma y la bestia resultante. Lo complicado es que, si de pronto me sucede algo, a sus hijos les podría suceder algo; además, aquí tengo otros invitados con habilidades similares. —¡Que sigan los invitados! —El almohadón levantó el brazo y, por la puerta, atrave

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