169; LA JAULA DE FUEGO

1303 Palabras

JUAN —Despierta, te necesito alerta. —¿Qué?, ¿dónde estamos? —Enjaulados y, aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión. Alberto despertó con la garganta seca y el cuerpo entumecido. El aire olía a metal oxidado, sudor rancio y desesperación. Estaba en una celda de concreto, sin ventanas, con una luz parpadeante que parecía burlarse de su conciencia. A su lado, sentado en el suelo con la espalda contra la pared, estaba Juan. —¿Dónde estamos? —murmuró Alberto, apenas capaz de mover los labios. —Penal de máxima seguridad. Zona 9. —Juan no lo miró—. Nos capturó la policía. No los cazadores. Alberto intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondía del todo. Las heridas de la batalla contra Montes aún ardían. Estaba cubierto con un overol amarillento. —¿Cómo nos encontraron? —N

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