Era lunes en la mañana y el ruidoso despertador taladraba mis oídos. Lo tanteé con la mano y lo silencié. Eran las 6am. Me senté y restregué mis ojos. Hoy comenzaba mi último año de secundaria y tenía los ánimos por el suelo. Me levanté, metí mis pies en mis pantuflas y me dirigí a mi baño arrastrando los pies. Luego de haberme duchado y vestido, baje a desayunar. Mis padres estaban charlando alegremente mientras tomaban café y leían el periódico. –Oh, querida –dijo con mi madre, con una sonrisa–, buenos días. Aquí está tu desayuno. –Buenos días –le di a ambos besos de saludo. Me senté en el mesón y me dispuse a disfrutar de mi desayuno. –Cariño. Hoy es el primer día de tu último año en la escuela –dijo mamá, soñadora. –Muy pronto podrás ser completamente una espía –mi padre se unió,

