Cuando intenté salir de la sala de reuniones, la puerta estaba con seguro. Perfecto, debieron haberlo hecho mientras estaba gritándole a mi subconsciente. Había pasado ya una hora. Había jugado 8 niveles de Candy Crush y había escuchado la mitad de mi playlist. Estaba empezando a sentirme claustrofóbica, me estaba faltando el aire. Cuando estaba a punto de romper la pared de vidrio que adornaba la hermosa y ahora horrible sala de reuniones, oí como la manilla de la puerta bajaba. Bryan entró luego, cerrando la puerta detrás del nuevamente. –Necesito salir –le dije inmediatamente, evadiendo su mirada dando una vuelta en la silla giratoria en donde me encontraba–. Me estoy sintiendo sin aire. –Cuéntame –se sentó a mi lado encima de la mesa, quitándose su chaqueta de cuero–. Dios, hace cal

