El aire estaba cargado de un silencio insoportable. La revelación de Damián había quebrado la esperanza del grupo, y ahora la amenaza pendía sobre todos como una espada invisible. Valeria, aún con lágrimas en los ojos, se levantó lentamente. Su cuerpo temblaba, pero su voz salió firme, aunque rota. —Si me quedo contigo… ¿los dejarás libres? Damián la miró con intensidad, y asintió. —Sí. Ellos podrán marcharse. Pero tú… tú serás mía. Clara gritó, con rabia contenida: —¡No, Valeria! ¡No puedes hacer esto! ¡No puedes sacrificarte por él! Valeria la miró, con ojos llenos de dolor. —No hay otra salida. Si lo dejo, todos mueren. Si me quedo… ustedes tendrán una oportunidad. Elías bajó la cabeza, comprendiendo la magnitud del sacrificio. —Es un pacto oscuro… pero quizá sea la ún

