“El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás”.
-Anónimo-.
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Es cierto el dicho que el ejercicio es bueno para la salud física y mental. Tenía pocos días en el gimnasio, pero se sentía más enérgico. Su monótona vida cambió al integrar una rutina diaria de dos horas de ejercicios, después del trabajo, lo que le ayudaba al llegar a casa, totalmente cansado, con ganas de comer todo lo que había en el refrigerador, y darse una ducha. Creía que de ahí le venía la energía pues dormía toda la noche, el cansancio no le permitía soñar con Abby.
Se había cortado el cabello muy corto, al estilo militar. Lo que le hacía lucir un poco más alto, repuesto. Había aumentado alrededor de dos kilos y medio en un poco más de diez días, incluso se veía un poco más joven. A veces se dejaba la barba por tres días que le daba un toque de chico malo.
Ese día llegó muy temprano en la mañana se puso al día, a pesar de que no había resuelto lo de Melania la empresa comenzaba a resurgir. A su cartera de clientes se le habían anexado cuatro clientes más, incluso estaba pensando en que si conseguía seis clientes más iba a tener que comprar otra embarcación.
Estaba en el baño privado que había en su oficina, apenas si lo escuchó sonar, tomó el aparato en sus manos, y pudo ver que había una llamada perdida de un número que no conocía, pero que después era seguida por una de Isabel. Así que asumió que ambas eran de ella. Marcó su número.
—Hola Isabel. ¿Me estabas llamando? —preguntó con cordialidad.
—¿Zennen? ¡Oh sí, sí! ¿Cómo estás?
—Muy bien, gracias, ¿para qué me llamabas?
—Dijiste la última vez que hablamos, que podía hacerlo para fijar la fecha para poder reunirnos.
—Sí, por su puesto.
—¿Te parece bien el próximo viernes?
—Creo que no hay ningún problema, déjame chequear la agenda con mi asistente, y te llamo enseguida.
—Espero ansiosa tu llamada.
La chica colgó la llamada, y se quedó por un momento mirando el aparato, no entendía la insistencia de su parte, pero de todas formas iba a ayudar desinteresadamente a su causa. Fuera cual fuera.
Llamó a su asistente y juntos chequearon la agenda, podía viajar para entrevistarse con ella. Estar cerca del mar no le vendría nada mal, y pensó enseguida en llevar a Santiago con él, les haría bien un viaje de fin de semana a ambos. A los pocos minutos llamó de nuevo a su amiga, y quedaron en verse en unos días.
Se puso a trabajar para adelantar todo el trabajo que pudiese. A media tarde, llegó a su oficina Charles, como siempre para compartir una taza de café, y sacarlo de su zona de confort.
Zennen le comentó sobre el repentino acercamiento de Isabel, cuando su asistente tocó la puerta. Inmediatamente le dijo que pasara. Lo miró con un poco de vergüenza.
—Disculpe, señor. Afuera hay dos oficiales de la policía que desean hablar con usted.
Charles y Zennen se miraron confundidos por un momento, pues no tenía ningún negocio con la policía.
—No les hagas esperar —le hizo gesto a su empleada, para que dejara pasar inmediatamente a los visitantes sorpresa.
—Buenas tardes, señor Istán. —los oficiales sin perder tiempo se presentaron.
—¿A qué se debe el motivo de su visita? —inquirió cordialmente, mientras Charles se ponía en estado alerta.
—¿Conoció usted al señor Armando Rivera? —preguntó uno de los oficiales.
Zennen se puso tenso al escuchar ese nombre.
—Fue administrador de esta empresa durante años, hasta que descubrí que nos estafaba, y por supuesto tomé acciones legales —se giró para señalar a Charles—. Él es casualmente el abogado de la empresa.
—¿Qué sucede con él? —Zennen estaba en ese momento más que curioso.
Ahora los oficiales se miraron las caras.
—Venimos porque estamos investigando su muerte.
—¿Y cuando murió? —Zennen preguntó asombrado.
—Hace alrededor de unos tres meses.
Para Charles eso era más extraño aún.
—¿Cómo murió?
—Su cuerpo fue encontrado en uno de los parques de la ciudad, hace unas tres semanas. Como comprenderá dado a las circunstancias de la descomposición del cuerpo nos estamos haciendo la misma pregunta. Sin embargo, nuestro departamento forense dictaminó que ese es el tiempo del deceso.
—Puedo entender eso, pero mi pregunta es la siguiente: ¿qué tienen que ver conmigo?
—No se preocupe señor Istán, es solo que se conoce su enemistad, y lo último que la víctima hizo en su contra fue el saboteo en una de sus embarcaciones hace dieciséis meses.
Zennen quedó impresionado al escuchar el tiempo que había pasado.
—Creo que no hay problema con eso —alegó Charles—; yo me ocupé por la vía legal, y tengo todos los documentos pertinentes al caso.
Uno de los oficiales asintió.
—Entiendo perfectamente su punto —le entregó un sobre a Zennen—, pero nos gustaría que el señor Istán pasara por la estación, para hacerle unas cuantas preguntas de manera formal.
—No se preocupe oficial, ahí estaré.
— Muchas gracias.
Ambos oficiales, le hicieron un asentimiento y se retiraron.
Él prefirió ir de una vez con Charles, no tenía nada que perder. El interrogatorio duró unas dos horas, le hicieron varias preguntas que fácilmente respondió de una manera rápida y precisa. La única que no quiso contestar fue cuando le preguntaron en dónde estaba su esposa. Sin embargo; les dijo la verdad que los había abandonado, casualmente hacía un poco más de tres meses.
Dejó en claro que nada tenía que ver con esa muerte; porque para la fecha que ellos aseguraban que Rivera había muerto él estaba de viaje de vacaciones con su hijo en una isla del Caribe. También les hizo saber que en unos pocos días estaría fuera de la ciudad por asuntos de trabajo.
Enseguida que llegó a su casa le informó al niño lo planeado. Los días siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Santiago estaba más que emocionado, por estar ese fin de semana con su padre, disfrutaría del viaje pues iban en auto, solo estaban a tres horas de la ciudad en donde vivían.
Fue un buen momento ver de nuevo a Isabel, seguía siendo hermosa a pesar de que habían pasado más de siete años que no la veía y no tenía contacto con ella. Era una rubia natural, el rostro delicado, los ojos tan azules como el cielo, alta de cuerpo esbelto.
Había insistido en atenderlos ella misma y que los recibiría en el hotel. Cuando los vio salió corriendo a recibirlos, se aferró al cuello de Zennen y le dio un beso en cada mejilla, con una efusividad que lo dejó por un momento perplejo. Ese comportamiento de su parte no se lo esperaba.
—¡Hola, bienvenidos!
—Hola, Isa —le sonrió sincero—. Es bueno verte de nuevo.
—¡¿Tú debes ser Santiago?! —le preguntó al niño que tímidamente tomó una de las piernas de su padre, y hundió el rostro.
—Sí, soy yo —dijo con voz apenas audible.
—Eres muy guapo como tu padre.
El niño se puso rojo de la vergüenza. Isabel se incorporó para hablar con Zennen.
—Sé que estás cansado —le dio otro beso en la mejilla—, nos vemos esta noche. —le guiñó un ojo y luego se acercó al niño para darle un beso.
—Está bien, nos vemos más tarde. —si él sabía leer a las mujeres, aunque estaba enamorado de la que más extrañas señales daba, así que dedujo que Isabel quería guerra.
El mar siempre calmaba sus pensamientos, era como si tuviese un botón de apagado cuando estaba frente a él. La cena de recibimiento de la noche anterior fue muy buena, le encantó volver a compartir con Isabel. Se habían levantado temprano, para desayunar a orillas de la playa, y meterse un rato en el agua. Al medio día sería la reunión que había planificado.
Era una causa sencilla. Simplemente querían que su empresa hiciera una donación para un evento que tendría en unos cuantos meses a beneficio de una casa hogar de niños con autismo. Así que le pareció genial y aceptó. Su interés en él era porque sabía que era una persona con una familia influyente, económica, político y social del país. El hermano de su abuelo había llegado a ser presidente de la república. Necesitaba su ayuda para lograr que más empresas y personas se unieran a la causa. Al finalizar la cena Zennen se estaba despidiendo de Isabel.
—Me gustaría que saliéramos a cenar esta noche —le dijo ella con voz baja, para que el niño no la escuchara y la malinterpretara.
Por él no había problema, solo que había llevado a Santiago y no tenía con quien dejarlo y eso se lo explicó. De manera consciente ella lo entendió.
El hotel en donde ellos estaban hospedados era todo muy de lujo, su suite tenía dos habitaciones así que el niño tenía una para él solo en donde dormía plácidamente.
Eran alrededor de las diez de la noche, Zennen se encontraba con un pantalón de chándal, una camiseta, y descalzo. Cuando escuchó que llamaban a la puerta, le extrañó y fue a ver quién era.
—Hola —la sonrisa de Isabel era perfecta, vestida de una manera provocadora y sumado a eso dos copas y la botella de vino que traía en las manos.
—¡Vaya esto sí es una gran sorpresa! —manifestó Zennen—. No te quedes ahí, pasa.
—¿Estás ocupado con tu hijo? —quiso saber Isabel, haciendo gesto de mirar por encima del hombro de Zennen.
—En este momento no. Él desde hace rato está durmiendo.
—Bueno no quiero incomodarte.
—No pasa nada, tranquila.
Ella le sonrió y pasó hasta la pequeña salita de estar. Observando todo, y terminar en sus enigmáticos ojos. De manera caballerosa descorchó la botella de vino y sirvió las dos copas. Caminó hacía ella para entregarle una y se sentó en el sillón en frente.
—No hemos tenido la oportunidad de hablar —Isabel hizo el comentario por el niño.
—Es cierto —le sonrió.
—Bien cuéntame, me muero por saberlo todo —chocó su copa contra la de él y bebió un sorbo—, sobre todo ¿desde cuándo el sexy Zennen Istán está con el estatus de “padre soltero”? —le guiñó un ojo de manera seductora.
Casi se ahoga con el vino, pero disimuló muy bien, eso si no se lo esperaba. La notaba un poco extraña con él, pero en ese momento entendió que estaba coqueteando descaradamente con él.
—Te diré que desde hace poco.
—¿Pero dejaste a Melania definitivamente? —escuchaba curiosidad en su voz.
—Sí —afirmó y no entendió, porque se estaba sintiendo un poco incómodo en ese momento.
—¿Ya tienes una nueva mujer por ahí?
Cerró por facciones de minutos los ojos, y pensó en Abby, suspiró para responder:
—Por ahora no, tal vez continúe así por un largo tiempo —¿A quién quería engañar?, estaba esperando a Abby, tenía el presentimiento que las cosas entre ellos se iban a solucionar.
—Tú no eres un hombre para estar mucho tiempo solo —con esas palabras lo sacó de sus pensamientos, no se dio cuenta que ella estaba en frente de él—. Te gusta demasiado el sexo para tener una cama sola, y fría, así que no te creo.
Zennen bebió un trago de su bebida.
—Tienes razón, pero estoy en estos momentos en una etapa de mi vida, en donde jamás pensé que el sexo pasara a segundo plano.
—Me gustaría hacerte cambiar de opinión, solo por esta noche.
La mujer se le lanzó encima, sentándose en su regazo y comenzó a besarlo descontroladamente, Zennen le respondió el beso, era dulce, pero le hacía falta algo más, así que acarició sus piernas subiendo poco la falda de su vestido.
Pero cuando ella rompió el beso y lo miró a los ojos, no era a ella a quién veía. Si no a su cruel tormento “Abby”. Reaccionó y no de muy buena manera.
—Lo siento Isabel, no sé que me paso —le dio golpecitos en unos de sus muslos, para que ella se levantara de su regazo, y luego él se levantó del sofá.
—No, discúlpame tú, por saltar así encima de ti.
—Fue totalmente una falta de respeto de mi parte.
—¿No quiero que me respetes Zennen? —le dijo abrazándolo, por la cintura para luego ponerse de puntillas y besarlo de nuevo.
No quería hacerle sentir mal. La tomó de la barbilla, y le besó la punta de la nariz.
—Mejor no Isabel. No quiero que hagamos algo de lo que después te puedas arrepentir.
Isabel lo miró con vergüenza, se sintió rechazada. Le dio la espalda, para prácticamente salir corriendo. Zennen la tomó del brazo.
—No es tu culpa, es solo que estamos tomando las cosas a la ligera y ya no somos tan jóvenes como antes, debemos hacerlo bien.
—Entiendo lo que dices, Zennen —lo abrazó más fuerte, se puso de puntillas para besar su mejilla de nuevo asintió y luego se fue.
No pasó ni un minuto de que Isabel se fuera cuando se sentó en el sofá grande, se apoyó en el respaldo y se puso las manos detrás de la cabeza, y expresó en voz alta:
—¡Maldición Abby! ¿Qué me has hecho?