Primera lección

1456 Palabras
Los meses en el palacio habían pasado. No había forma de escapar de aquel reino repleto de enemigos, aunque ella no tuviera intención de hacerlo, sabía que un mal movimiento, y su cabeza terminaría en la guillotina. Debía ser cuidadosa. Todas las noches dormía en una celda fría en medio del frio invierno, y con poca comida descansando en su plato. Al parecer la promesa del príncipe Elian había sido enserio. La odiaba. Y no iba a descansar hasta que fuera ella misma quien le pidiera su muerte. ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Llegaría al punto de que no deseara vivir más? No. Ella era fuerte. Aunque vivir asi no era estar vivo. Al menos no del todo. Sin embargo, al parecer se había ganado la simpatía de los miembros del palacio. Quienes, a escondidas, solían ayudarla. Tirándole un pan. Una frazada. Todos sabían que ella representaba al enemigo. Al reino que tantas vidas había tomado del suyo. Sin embargo, cuando sus ojos se posaban en la pobre, débil y hermosa chica a manos del cruel príncipe, todos acudían a ayudarla. Guiados por su humanidad o su lastima, daba igual, mientras aquellas acciones le dieran un poco de esperanza de vida, ella pensaba tomarla. La guerra había dejado al reino dañado por ambas partes, familias separadas, pero la esperanza seguía ahí latente, con el fuego abrasador de mil soles. Y mientras las esperanzas vivieran, significaba que nadie estaba derrotado aún. Después de todo, su vida representaba la paz para ambos reinos. Ella era el símbolo de la redención. El símbolo de la libertad. Y el símbolo, de todo aquello que estaba mal. El príncipe Elian no solía pasar en el reino. Siempre estaba en cruzadas por el bosque, y en misiones. Apenas y había convivido con ella en el trascurso de su tiempo de estadía aquí. Al inicio ella esperaba torturas, o algo peor. Pero al parecer él se había mantenido firme a su palabra. Su sola existencia le haría desear morir. Pero no le daría esa satisfacción. Eso no. Ella empezó a cargar las cosas que tenían que transportar los esclavos. Muchos eran de otras naciones. Muchos conocían a la princesa. Y a pesar de haberla vestido de harapos, y cubierto de tierra, su belleza seguía resaltando. Su atractivo era algo que no se podía ocultar. Y eso enfurecía al príncipe. Cuando ella resbalo por tercera vez en el dia con el enorme saco a sus espaldas, el chico de la guardia, parado a más allá se acercó a ayudarla. Para crispación de Elian muchos eran amables con ella. ¿Por qué? Porque era una chica guapa. Y la gente atractiva, solía ganarse el favor de todo el mundo. La belleza era un concepto interesante y peligroso. Pero él lo vio aquel dia. Algo que no debió haber presenciado. Para mala suerte de aquel guardia, el había llegado de una cabalgata y se había adentrado a la parte baja del castillo con la intención de dejar sus armas, entonces lo vio. Y se dio cuenta del porque ella aun no había muerto ya. Y el por qué aún seguía resistiendo. Gente de su mismo reino estaba mostrando su piedad y la estaban ayudando. Ya lo había estado sospechando, pero corroborarlo con sus propios ojos era otra cosa. Asi que cuando su mano alejo el brazo del guardia evitando que tocara a su prisionera este al inicio se vio enojado y sorprendido, pero cuando sus ojos se dieron cuenta de que quien lo sujetaba era su soberano, este palideció —S-su su majestad…— había pánico en su voz Elian estaba custodiado por más hombres armados atrás de él siguiendo sus pasos —¿Qué crees que estás haciendo?— su voz era gélida y atemorizante —Y-Yo… Yo… —¿La ayudabas a ponerse en pie? —¡N-no su majestad… yo solo! —¡¿Te atreves a mentirle a tu monarca?!— el odio en sus ojos se hizo visible de repente demostrando al hombre volátil que describían las historias —No… quiero decir… solo la iba a poner en pie para que esta siguiera trabajando…— el hombre estaba jadeando con ojos desorbitados El príncipe Elian lo soltó y el hombre cayó al suelo. Al parecer las mismas piernas temblorosas del guardia lo traicionaron haciéndolo resbalar La escena había llamado la atención de más sirvientes del lugar que se habían acercado a mirar por los rincones del palacio. —¿Su majestad?— hablo uno de sus guardias a su derecha Con ojos llenos de desprecio el príncipe miro al hombre del suelo cuando dijo —ejecútenlo ¿Qué? Los ojos ambarinos de la joven princesa en el suelo observaron anonadada al hombre que era su custodio. No. No. No. Los guardias del príncipe levantaron al hombre sujetándolo mientras este forcejeaba y rogaba por salvar su vida. Y otro de ellos desvainaba su espada colocándolo cerca del cuello. —No lo mates…— pidió. Y su tenue voz había llenado la estancia de un tono melodioso y desesperado. Unos ojos azules cual hielo se fijaron en ella, y rieron con satisfacción— no me digas, ¿estas rogando por la vida de un hombre del reino enemigo? ¿Por qué?— se agacho a la altura de sus ojos casi para burlarse de ella —¿se te ha movido algo? —Fue mi culpa… no tiene que… —Nadie me dice lo que tengo, o no que hacer —le aclara cortante con tono peligroso Ella comprende que está caminando por una cuerda floja. Se encoge de hombros. Y lo delicada que se veía era ridículo. Elian podria destruirla ahora mismo si quisiera. Bastaría un solo golpe para quebrarla para siempre. —Tu amabilidad fingida no engaña a nadie.—le dice Elian — Todos en el reino saben sobre el trato de tu gente hacia los nuestros. —Pero no a los suyos propios —soltó. El príncipe entrecerró los ojos hacia ella mirándolo expectante —Si asi matas a los tuyos, sin una pizca de remordimiento. No me sorprende que tu reino este como este. Un verdadero monarca marca esperanza para su nación, y piedad a su pueblo —Tú no eres de aquí. Y no tienes un trono. Y aunque regresaras ahora, jamás tendrás uno. No sabes cómo se debe gobernar. Ella agacho la cabeza y sus dientes se apretaron con fuerza —si lo que quería era a una reina, ¿Por qué se conformó con la segunda heredera? Tan solo una princesa más que jamás heredaría el trono de Calimpo El la observo sin siquiera pestañar, poco impresionado. Como si sus palabras jamás pudieran causar nada en el. Como si nada pudiera sacarlo de sus castillas. Las palabras no parecían afectarle en lo absoluto —Una princesa viva, —menciono con peso — era mejor que una reina muerta ¿Que? Entonces se levantó y con su propia espada en un movimiento rápido le corto el cuello al hombre —¡No!— pero ya era demasiado tarde. La sangre se corrió en el suelo, y el hombre se ahogó en su propia sangre mientras lo tiraban al piso. Tratando de controlar su temperamento, ella se quedó pegada al suelo con manos hecha puños. Impotente. Pudo haber hecho algo. Pudo haberlo detenido. Podía haberlo hecho tan fácilmente. —Aprendan algo,— menciono el príncipe. Luego miro hacia todos sus sirvientes —todos aprendan esta lección. —la señalo a la joven — todo aquel que se atreva a ayudarla. La más mínima pizca de piedad será castigada. Muchos ojos asustados parecieron asentir. Y él sabía que pronto el rumor de lo ocurrido se esparciera por todo el palacio, e incluso el reino. Dando una muestra de todo lo que se dijo de él. El príncipe cruel Elian. Futuro monarca de Akira. —Y en cuanto a ti, — se agacho nuevamente hacia ella, sus manos le tomaron con fuerza de la barbilla obligándola a verle, el primer contacto físico entre ambos —no dejes morir a más gente, tus manos ya tienen suficiente sangre— mirada azul penetrante como dando una advertencia — rechaza la ayuda que te dan los otros. O seré yo quien me encargue.— se acercó aún más — te hare la vida miserable —le prometió —Tu... tu... tu no tenías que matarlo… ¿Por qué lo hiciste? —El precio de tu vida, fue su muerte. Y asi, el príncipe Elian la soltó, entonces al retirarse, ella miro hacia sus compañeros esclavos y sirvientes, pero ellos no se atrevieron a siquiera corresponderle la mirada. entonces lo comprendió. Parpadeo sabiendo que estaba condenada. Elian la había dejado completamente sola.
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