Desde que Charlotte se marchó, lo primero que hice fue concertar la cita para que vinieran a ponerme las alfombras. Si esos hermosos pies querían andar descalzos, que al menos lo hicieran cómodamente. Como si se sintieran en casa. Mi reina. Estos días junto a ella fueron mas que maravillosos, la habíamos pasado increíble. Su risa, su voz, su persona, todo de ella. Nos habíamos entregado uno al otro y ella apenas se había ido de casa, pero no lograba sacarla de mi mente. Me tenía totalmente cautivado, ¿cómo se podía ser tan bella? ¿Cómo se podía querer durante tanto tiempo a una persona? Charlotte no lo sabía, pero yo la amaba, estaba enamorado de ella, loco perdido y sin remedio. Y mientras más la conocía, más la quería. Recibí a las personas para que hicieran las medidas de los piso

