No soporto al ogro

1224 Palabras
HADLEY Era tiempo de irme. Había hecho mis maletas la noche anterior, tenía todo listo porque Presley pasaría por mi para irnos al aeropuerto. Estaba despidiéndome de mi antiguo departamento, me daba mucha nostalgia dejarlo. Había pasado aquí los últimos cinco años y le había tomado mucho cariño. Allí estudiaba todas las noches en esa mesa del rincón, ponía mis libros en todos los estantes. En fin, me dolía dejar todo esto por culpa de Jaxon Hollister. Salí cuando supe que Presley estaba abajo. Entré al auto y ella arrancó. Cuando llegamos al aeropuerto había un jet privado allí. El señor Jaxon estaba esperando por nosotras dentro. Se llevaron mis maletas a otro lado y ambas nos subimos. Abroche mi cinturón y me relaje un poco. Jaxon estaba a unos cuantos asientos de nosotras en su computador. Siempre alejado, siempre distante. El viaje fue largo y pesado, me había dormido unas horas. Presley me despertó cuando llegamos. Jaxon había sido el primero en bajar e irse, ni siquiera se despidió. —¿Donde queda mi nuevo apartamento? —quise saber, bostezando y quitándome el cinturón. —Yo te llevaré. Presley había conseguido un buen lugar para mi, estaba cerca de la empresa por lo que no tendría que batallar en buscar taxis o autobuses, además había logrado conseguir que la renta fuera baja los primeros tres meses mientras que acomodaba con mis gastos y todo. Cuando llegamos al lugar era de noche. Era un edifico mediano pero se veía bastante bien. —Gracias, Presley, nos vemos mañana en la oficina —me despedí y fui dentro. Tenía la llave de mi nueva casa. Cuando llegué y abrí la puerta sentí un vacío aquí. Estaba sola en una ciudad sola. Empecé a desempacar a esa hora, busqué en la lista de la ciudad los restaurantes cercanos para pedir algo de comida. Tenía que adaptarme a esta nueva ciudad. Desde pequeña viajaba mucho y cambiaba de hogar seguido por lo que no me asustaba esto pero lo odiaba. Odiaba encariñarme con algo y luego dejarlo. Después de comer, fui a la habitación, las sábanas estaban limpias así que me acosté para dormirme. • Al día siguiente ya había desayuno y estaba lista para irme a la empresa. Salí a las calles de los ángeles y camine hacia la empresa, no tenía que caminar mucho pero me ahorraba lo del taxi o autobús. Cuando llegue mostré el carnet y me guiaron hasta donde sería mi oficina. Jaxon estaba allí. Mi oficina estaba a la par de la de el, solo nos separaba un enorme cristal. El me podía ver y yo lo podía ver. Era un poco tedioso la verdad. No me gustaba tenerlo tan cerca y que viera cada movimiento que hago. Jaxon era un hombre muy difícil de tratar, yo trataba de hacer las cosas bien pero el siempre me ponía trabas en todo lo que hacía, incluso si hacía el trabajo perfecto. Varias veces le mostré unos informes que estaban bien pero me enviaba a componer cosas que ni al caso. A veces pensaba que solo lo hacía para molestarme. Estaba agotada por la tarde, exhausta. Jaxon me había enviado a buscar unas carpetas súper viejas a la bodega, estuve como dos horas buscándolas para que después me llamara y me dijera que las había encontrado en la oficina. Quería matarlo en ese momento pero me contuve. Jaxon seguía en su oficina y tenía reuniones en unos minutos, mi deber era recordarle. Toqué la puerta de su oficina y entre. —¿Que quieres, Ellery? —Solo quiero recordarle que tiene una reunión importante en cinco minutos. —¿Cinco minutos? ¿Y por qué me lo recuerdas hasta ahora? —Yo... —Olvídalo. ¿Con quien es la reunión? —Primero es con el señor Joseph Callahan y luego con el señor Todd Winslow. —¿El señor Joseph Callahan? ¿Cuando hemos hecho cita con el? —Usted la pidió —le recordé, parecía que no se acordaba que el mismo la pidió y ahora querrá echarme la culpa a mi. Jaxon suspiró frustrado y asintió. —Como sea, tendré que atenderlo. ¿Ya acondicionaste la sala de reuniones? —Desde hace rato, señor —respondí entre dientes. Jaxon era un hombre muy difícil y no me cansare de decirlo. —Está bien, entonces voy a eso —se puso de pie—Sigue en mi tuyo, Hadley, tienes mucho trabajo que hacer. Rodé los ojos cuando se fue y le hice una mueca. Volví a mi oficina y seguí revisando los papeles que me había dejado para revisar. Aunque estaba segura de que encontraría algún error y me mandaría a revisarlos de nuevo. A veces pienso que lo hace a propósito. • Después de una hora me dio hambre, era mi tiempo de descanso. Solo tenía quince minutos para merendar algo. Me fui a la cocina pero cuando giré choque con alguien. —Disculpa—le dije al anciano. —No se preocupe —dice y me quedo viendo extraño. —Usted me recuerda a alguien. —Espero que sea a alguien muy especial —bromee. —Claro que si. ¿Quieres tomarte un café conmigo? —No me gusta el café —le dije. —Bueno, al menos unos pudines de maní. —Soy alérgica al maní. —me sentí mal por haber rechazado todo del anciano pero no era porque quisiera—pero podemos tomar algo de jugo y comernos unos panqueques de manzana. —Esta bien —asintió y sonrió. Nos sentamos en una de las mesas a tomar jugo de naranja y comer los pastelitos. —Soy Ryker Carver, por cierto. —Yo Hadley Ellery. El anciano me contó que lo le recordaba a su esposa. Me contó cómo se enamoraron cuando eran jóvenes y todo lo que tuvieron que pasar para poder estar juntos. Ella murió y eso lo hizo ponerse triste. Decía que en unos días cumplirían aniversario de casados y que le dolía mucho su partida. Me contó una historia de amor muy hermosa que ojalá yo llegue a tener algo así algún día. —¿Que hay de ti? —me pregunta—¿llevas mucho aquí? —No, vine ayer porque mi jefe me trajo. El señor Jaxon Hollister es un hombre difícil de tratar y no la paso tan bien con el que digamos. Estoy aquí nada más por cumplir un contrato pero si por mi fuera ya me hubiera ido. Le comenté el cambio que hubo en mi trabajo, que yo no iba a ser asistente pero por el capricho de Jaxon lo tuve que ser. La verdad es que me desahogue con el, me daba gusto hacer un amigo con quien pueda hablar. Además me sentía en mucha confianza con el anciano. —Me dio gusto conocerlo pero debo volver al trabajo o Jaxon las agarrará contra mi —me despedí. —Un placer también conocerte, Hadley. Nos vemos después. Volví rápido a mi oficina donde Jaxon estaba esperándome con el ceño fruncido y de brazos cruzados. —¿Donde estabas? Tu tiempo de merienda terminó hace un minuto. —Lo siento, estaba en el baño —respondí lo más amable posible aunque por dentro quería responderle lo que se merecía. ¡Solo por un minuto! Es un insufrible.
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