CEO sexy
HADLEY
Despierto con algo de entusiasmo, es mi primer día en la empresa Hollister. Acabo de graduarme hace unas semanas y gracias a la empresa Hollister podemos tener trabajo. Era increíble porque ahora no tenía que luchar por enviar mi currículum a varias empresas y esperar que una me responda.
Estaba nerviosa pero también emocionada, quería llegar e instalarme en mi nuevo puesto. Duraría dos años en la empresa haciendo prácticas pero pagadas y si todo salía bien podían contratarme mucho más tiempo. Sentía que tenía todo resuelto.
Me di una ducha rápida y luego me puse la ropa adecuada para mi primer día de trabajo en una empresa tan prestigiosa como esa. Fui a desayunar un poco, aunque con los nervios casi no tenía hambre. No todos los que estudiaron conmigo estarán en la empresa, ellos solo eligieron a unas cuantas personas y yo fui una de las afortunadas.
Sentía que todo iba para bien. Vivía sola, sin familia, con la única amiga que hablaba era Everly.
Después de desayunar subí a cepillarme los dientes, me puse labial y tomé mi bolso. Salí de casa directo a la parada de buses.
•
Cuando llegue a la empresa vi el enorme edificio frente a mi, había investigado bien todo lo de la empresa Hollister, supe que el nuevo presidente es el hijo del dueño. Se llama Jason Hollister, es joven y bastante apuesto. Solo espero no tener problemas con el, siempre se tiene problemas con la gente joven.
Entré directo a la chica recepcionista.
—Buenos días —salude muy cortésmente—Soy Hadley Ellery, voy a ver al señor Jaxon Hollister para el trabajo de los recién graduados —le di mi carnet.
—El señor Hollister la espera en su oficina. Es el piso veinte. Subes al ascensor y arriba estará una chica esperándote —dice ella—suerte.
—Gracias —tomé de nuevo mi carnet y lo guardé. Me fui al ascensor y apreté el botón que me llevaba arriba. Hacía más frío acá por el aire acondicionado. Cuando llegue al piso salí al pasillo, habían varios pasando y yendo de aquí para allá. Rápido fui hacia una mujer que estaba en un escritorio.
—Hola...
—Hadley Ellery —sonrió.
—Si.
—Siéntate a esperar, el señor Hollister vendrá en un momento.
—Vale, gracias.
Estaba nerviosa, pero me senté. Necesitaba salir de esto rápido porque no quería sentirme así, sentía que vomitaria en cualquier momento de los nervios.
Vamos, Hadley, respira hondo y contrólate. Eso hice: hice respiraciones profundas sin que nadie se diera cuenta para poder estar tranquila y no cometer algún error. Habían pasado unos minutos y el señor Hollister no aparecía todavía.
El ascensor abrió sus puertas y de él salieron dos personas: un hombre y una mujer. Al chico ya lo había visto, tenía esa aura imponente y bastante varonil: Jaxon Hollister, el hijo del dueño de este lugar. Se veía bastante difícil de tratar.
—Señor Hollister —le dice la mujer que me atendió antes—La señorita Hadley Ellery lo espera. Es una de las chicas que viene por el trabajo de la universidad.
Me puse de pie de inmediato y me acerqué. Jaxon me dio una mirada de pies a cabeza pero seguía serio.
—Vamos a mi oficina —es lo único que dice, entrando primero el. Lo seguí dentro junto con la otra chica. —Siéntate. Ella es Presley, de recursos humanos.
—Mucho gusto —le dije.
—Igualmente.
Presley se sentó en la silla de mi lado.
El señor Hollister empezó a revisar mi expediente.
—Hadley Ellery. Me parece que no tienes familia, eres sola —me mira y yo asiento—Sé que estás aquí por otro puesto pero tengo un inconveniente —me dice.
—¿Que cosa? ¿Hay algo mal?
—Necesito una asistente urgente y tú has sido la primera en llegar así que quiero que seas mi asistente.
—Señor Hollister, yo pensé que trabajaría como...
—Lo lamento, pero en verdad necesito a una asistente. El jefe aquí soy yo así que tienes que obedecer, si más no se no puedes renunciar tampoco, hay un contrato firmado que estipula que tienes que trabajar para mi por dos años.
—¿Pero trabajaré como asistente todo ese tiempo?
—Quien sabe. —dice serio. Era consiente de que no podía ponerme a discutir con el jefe y mucho menos llevarle la contraria pero no quería pasar dos años siendo asiente cuando se supone que debía ejercer de mi carrera. Así no aprenderé nada de ella. Lo peor de todo es que no puedo renunciar porque firme ese contrato. Toda la ilusión que traía hace rato se esfumó y solo quedó desilusión.
—Está bien —asentí con un hilo de voz.
—Tendrás que mudarte conmigo a Los Angeles —remarca y yo lo miro rápido.
—¿Mudarme?
—Así es.
—El señor Hollister vive allá así que como su asistente tienes que seguirlo a donde el vaya —añade Presley.
No puede ser.
—No sabía... no estoy preparada para mudarme, yo... ni siquiera se donde voy a quedarme o como voy a pagar la renta.
—De eso no te preocupes, Hadley, recursos humanos se encargara de todo eso. Tu solo preocúpate por hacer bien tu trabajo y listo. Ahora que nos pusimos de acuerdo: bienvenida a la empresa Hollister.
Medio sonreí, la verdad no me sentía bien con todos estos cambios de la noche a la mañana. No solamente iba a trabajar de otra cosa sino que ahora tendría que mudarme de acá e irme lejos. No me sentía preparada para gran cambio pero sabía que no podía negarme.
—Ayúdame a revisar unos contratos, hay que ponernos a trabajar ya. —pidió el a lo que yo asentí. Jaxon Hollister había cambiado mi vida, se veía que era un hombre muy difícil de tratara y lo peor de todo es que tendré que estar pegada a él por dos años. Dos largos años.
No sabía cómo terminaría esto.
Estuve con el señor Jaxon revisando contratos de otros becarios y poniéndolos en orden. Me sentía muy desanimada, si, todo lo que había planeado para mi vida se había roto en menos de cinco minutos. El señor Hollister no le importaba romper ilusiones, se veía que hacía lo que él quería. Si fuera una persona más profesional jamás habría hecho que una persona como yo trabajara de asistente. Para ser asistente no se necesita tanto trabajo. Bueno, al menos eso pienso yo. Solo era recibir llamadas, hacer citas, seguirlo a donde sea que vaya y revisar uno que otro papel.
El señor Hollister se había ido a almorzar y a mi me había dejado con todo el trabajo.
Los Angeles. ¿Que voy a hacer allá sola? No conozco a nadie, ni se donde me voy a quedar, donde voy a vivir. Según el señor Jaxon nos iríamos en unos días. Increíble, increíble.
Después de terminar una pila de carpetas me puse a descansar, me dolía el hombro de tanto ojear papeles o solo era el estrés. Por la tarde continuamos, ya no era más hablador el señor Hollister, estaba en su mundo.