Capítulo 1
—Tengo orgullosamente diecisiete años a partir de hoy —Julie le muestra su carnet a su mejor amiga Karen, ambas se encuentran en la piscina de otra de sus amigas—. Y... ¡me dejarán viajar a Corea la próxima semana!
Las chicas aplauden a su alrededor, alegres de la gran noticia.
—Estoy feliz por ti, Julie, te lo mereces. ¿Cómo pudiste convencer a tus padres? —pregunta una de ellas.
Aquella tarde de piscina y amigas, Julie se encontraba feliz de al fin poder tener la mayoría de edad para viajar a su tierra natal —un poco desconocida— para concluir sus estudios secundarios. Sin embargo, aunque la felicidad de Julie era extrema, ella sabía que aún no había hablado con sus padres del asunto.
—Bueno, ya los convenceré —Julie toma un vaso de limonada, sus amigas la miran algo confundidas—. Me sentaré hoy a hablar con ellos, ya saben. Ellos me dejarán, además... No creo que me nieguen mi propia identidad.
Karen apenas sonrió, era su mejor amiga de toda la vida y conocía a la familia de Julie.
Su familia se conformaba por sus padres, su hermana del medio, Hanna, y su hermano mayor Konan, quién ahora estaba de viajes de trabajo junto a su padres. Muy poco tenía contacto de él, menos de su padre. Era un hombre ocupado.
—Esperemos que sí te dejen —comentó otra de ellas, e inmediatamente el tema cambió por completo.
Por la noche, Julie era recogida por su hermana mayor, quién la había pasado a buscar auto por la casa de Karen. Se despidió de sus amigas y se subió al coche gris de su hermana. Hanna sabía qiue Julie quería irse de viaje a Corea, y sabía que sus padres no iban a permitírselo tan fácil. Hanna estaciona el coche a una cuadra de la casa, necesitaba hablar con su hermana urgentemente.
—Tengo que decirte algo, no son buenas esperanzas —Julie sabía que le diría acerca de la charla con sus padres—. Tienes que saber que esta decisión es muy difícil de tomar, aún eres menor, y sí sales del país deberás hacerlo con un tutor. Así que... —Hanna saca varios papeles de su bolso—. He firmado para ser tu tutora, de esta forma nuestros padres no podrán decirnos que no.
A Julie le brillaron los ojos de repente, pero se apagaron cuando vio la gran suma que su hermana tuvo que pagar.
—Es mucho dinero, Hanna —comentó entristecida—. ¿Cómo te lo pagaré?
—No tienes que pagármelo —respondió ella—. Es algo costoso que he podido pagarlo yo.
Ambas sonrieron.
—¿Tú también irás a estudiar? ¿Te quedarás con la abuela Jiyo? —Julie estaba angustiada por el nuevo futuro, no sabía sí realmente su hermana iba a estar para ella.
Hanna negó con la cabeza lo último.
—He conseguido un departamento cerca del trabajo, además, me postularé para la universidad de Seúl —Julie no podía estar más orgullosa de su hermana mayor, la abrazó con fuerza a pesar de tener puesto el cinturón de seguridad—. Ya, Julie, no seas intensa. Todo estará bien, ¿de acuerdo? Solamente tocará hablarlo hoy, preparar las maletas e irnos de viaje.
Julie asintió a cada palabra de su hermana, y ambas entraron a la gran casona que se encontraba en una colina, por afuera de Los Ángeles, California, un sueño para cualquier otro. Y quizá, una vida normal para Julie y Hanna, una vida común y corriente.
La madre de Julie y Hanna las recibió con una sonrisa, ambas entraron firmemente dispuestas a darlo todo esa noche. Sin embargo, la sonrisa de Hanna se desvaneció cuando vio a su padre y Konan sentados en la mesa.
Konan llevaba un diario de Julie, mientras que su padre llevaba otro de Hanna.
Los sueños habían sido descubiertos.
—¿Corea? ¿Piensan volver a esa mugre? —Konan era sarcástico, un maniático de la ironía, algo que no le caía bien ni a Hanna ni a Julie. Su hermano mayor trabajaba en la empresa con su padre, era un excelente abogado, y quizá uno de los mejores del territorio—. No quiero pensar que quieren atravesar todo el océano para irse de nuevo a ese país nefasto.
—¡Queremos estudiar en la universidad de Seúl! —gritó Hanna, algo enfurecida.
—¡Puedes ir a Harvard! No tienes por qué volver a ese maldito país —respondió Konan.
—Es verdad, hija, tienes buen punto para Harvard. Además, ¿no te habías postulado allí? —su padre pacificó las cosas, sin embargo, Julie ya había visto a Hanna derramar algunas lágrimas—. Miren, niñas, su abuela Jiyo ya es una persona mayor. No vive en buenas condiciones en Corea, ¿no creen que podrían amargarle más la vida? ¿No creen eso?
Julie comenzó a arrugar los papeles que estaban entre sus manos.
—Yo ya firmé el permiso de que Hanna sea su tutora —su madre apareció de repente, le tomó la mano a Hanna—. Ella es una chica responsable, además, ¿y sí es la próxima empresaria de la familia? Además de Konan, claro.
—¿Cómo pudiste, mamá? ¿No crees que ese sueño 'coreano' no es más que una pobre fantasía?
Konan estaba enfurecido por aquella decisión.
—Tu hijo tiene razón, pero, ¿qué más podemos negarnos? Corea es nuestra tierra, queramos o no —el padre tomó los papeles de firma de tutoría, firmó también, y se los entregó a Julie—. ¿Cuánto dinero necesitan?
Claro que el hermano mayor estaba más que rojo de la furia, golpeó la mesa y se levantó bruscamente.
—Él no quiere volver a Corea porque le trae malos recuerdos, pero eso no asunto de ustedes, ¿no es verdad? —Hanna le indicó a Julie hacer las maletas, porque también tenían el vuelo comprado—. ¿A qué hora sale el avión?
Ambas hermanas estaban más que emocionadas, por la nueva vida.
Algo que habían deseado profundamente.
Y que quizás iba a cambiarlo todo.