La camioneta blanca se estacionó en el patio de su casa como ya era costumbre desde hace casi un mes. De ella bajó una mujer de piel clara con un uniforme militar, su chaqueta tenía los primeros dos botones sueltos dejando a la vista su pecho con un par de cadenas plateadas y gruesas, su cabello yace recogido en una cola de caballo y sus ojos cubiertos por unas gafas de sol marrones. Minying la veía todos los días, era hermosa e imponente, muy segura de si misma y, por suerte, ella no lo había notado espiando. Héctor no tardó en salir al igual que ella no escondió la sonrisa cálida que curvo sus labios. Héctor le sonrió de vuelta. Hace mucho que Minying no lo ve sonreír a menos que sea con otras personas pero para consigo esas muestras de amabilidad ya no existían. Estaba bien.

