07. La decisión firme de irme 🕯️

1877 Palabras
Oh no, oh, no, no, no, no. Rock se aparto de mi de un salto, de inmediato, estaba erguido, tenso, y en posición de reverencia. En cambio, yo estaba medio desnuda en las escaleras, sin retirar la vista de aquella silueta feroz que se acercaba. Esos ojos verdes parecían dos cuchillos letales que dejarían malheridos a cualquiera. —Creo que a ninguna dama le gusta tener intimidad en las escaleras —me miro, y yo me tape enseguida los pechos, aunque le dejaba una buena vista de piernas —. Además, la escuché decir que no. Él se timbró, la tensión cada vez era más palpable. —Capitán Schwartz, tengo una buena explicación. Alzó una ceja. —Espero que sí—sus ojos verdes se posaron en mí nuevamente, entonces, me levante cubriéndome los pechos. —¿Puedo retirarme? —pregunté, mirando los escalones, con ganas de vomitar. —Puedes… —dijo él. Rock me miro suplicante, mas, yo abandoné los escalones y me sumergí en la oscuridad de la alcoba cerrando de un portazo. Enseguida, se me revolvió el estómago, y tuve que salir corriendo al baño a vomitar. Vomité toda la comida del restaurante, hasta que solo quedó la bilis, luego, me eché a llorar. ¿Cómo era posible? Él… justamente él, estaba en esta casa, me sentía tan desprotegida, con un miedo tan terrible que me entumecía los huesos. Y supe que debía irme de esa casa cuanto antes, no soportaría convivir bajo el mismo techo con la persona que le hizo daño a mi familia, y ordeno su ejecución como si fueran animales. Los recuerdos de aquel día regresan a mi mente, y los revivo una y otra vez con sentimiento y todo, y eso me deprime aun más. Katrina me había engañado, me había mentido. Me había asegurado que su hermano era musico y no uno de esos esbirros, estoy convencida, que si lo hubiese sabido desde el principio me fuese ido de esta casa despavorida, pero, ¿ahora? Me he encariñado con Albert, incluso con Katrina. Exploté en llanto, y así duré toda la noche. ***** La decisión de marcharme la había tomado en la mañana cuando me levanté y observé mi rostro hinchado por las lágrimas y la cara de un rojo como tomate, además, la aflicción se me notaba muchísimo, incluso, cuando hablaba se me quebraba la voz. Alisté mi equipaje, y me dispuse a bajar para preparar el desayuno y le comunicaría a Katrina que no continuaría con el trabajo, y le pediría la paga para así sobrevivir mientras consigo otro empleo. Si, haría eso. No puedo ser malagradecida y marcharme sin por lo menos despedirme de Alberth, Yahveh, me dolía pensar en Albert, porque juro que lo quiero, lo quiero como si fuera mi propio hijo. Mi Dios sabe la lucha que tuve para bajar las escaleras y plantarme en la cocina para hacer el desayuno, la sola idea de encontrarme con ese hombre me asquea, me pone mal, y se me nota el desprecio que le tengo, y si quiero seguir viviendo, debo fingir, y hacerlo bien. Escuché los pasos desde las escaleras. Era la voz de Katrina, y la de ese maldito. Y las lágrimas no se contuvieron, salen súbitamente, sin pedir permiso y me enojo conmigo misma, porque mi vida depende de este momento, de como actúe delante de este sanguinario. Me limpio las lágrimas cuando entran a la cocina y agacho la cabeza con la finalidad de que no noten que estoy roja, aunque seria imposible que no se dieran cuenta, apenas Albert puso un pie en el sitio me abrazó por detrás. —¡Oh, hola! —saludo, correspondiéndole a su abrazo. El chiquillo se aparta y se sienta al lado de su padre, el capitán Schwartz. Katrina esta hablando con su hermano y luego, me mira. —Oh, Jimin, ¿estas bien? ¿ya conoces a mi hermano? Mis ojos sin quererlo ruedan hacia él y me encuentro con su mirada retadora y curiosa. Trago saliva. —Lo conocí anoche. Ella enarca una ceja. —¿Anoche? —Larga historia —respondió él. Miro a Katrina y mis ojos se llenan una vez más de lágrimas. —Kat…—no me salen las palabras, me cuesta armar una frase —. Katrina, ¿podemos hablar? Me mira, en realidad, todos en la cocina me están mirando. —Si, claro —se levanta, y yo algo disparada a la sala y me apoyo a la pared con las lágrimas en las mejillas. Katrina me mira. —Por Dios Jimin, ¿Qué sucede? ¡no te ves bien? Me aclaro la garganta para decirle que no seguiré, que debo marcharme. —Katrina, gracias, has sido muy buena conmigo, solo que… —sin darme cuenta, estaba hablando como si fuera una metralleta, demasiado rápido —, no puedo continuar trabajando aquí. Los ojos verdes de ella se agrandan, y los veo de un color mas claro de lo normal, ¿Por qué no me di cuenta antes? El mismo color de ojos, que idiota fui. —¡¿Qué?! ¿Por qué? —¡No puedo! —dije, y la voz se me quebró. Parpadeó, confundida. —¿Es porque no te hemos cancelado? Te prometo que hablaré con mi hermano para que lo haga, pero, por favor, no nos dejes. Negué con la cabeza, me sorbí los mocos y me aclaré la garganta. —¡No! ¡no es eso! —aclaré. Su expresión se tornó en confusión con una mezcla de tristeza. —¿Hice algo malo? ¿dije algo que te ofendió? ¿hice demasiadas preguntas? ¿o Albert te molestó? Agrandé los ojos. —¡Dios, no! Ustedes son perfectos. Su trato hacia mí siempre ha sido lleno de amabilidad. —¿Entonces? La miré, y no supe que decirle, contarle lo que había sucedido con su hermano era quedar en evidencia frente a él, y sin dudas, no dudaría en matarme. —¡No puedo quedarme! —¡¡¡¿¿Por qué??!!! ¿Tienes algún problema? —me tomó de la mano y las sentí cálidas —. Si tienes algún problema, podemos ayudarte. Antón puede ayudarte. Nadie podía ayudarme… —Katrina… —¡No nos dejes Jimin, por favor, no nos deje! ¡eres mi única amiga! —se le quebró la voz —. Tenemos una conexión especial, por favor Jimin, no te vayas. Petrificada… no sabia que responder o decir a esas suplicas. —Te daremos una buena paga, te lo prometo, así tenga que amenazar a mi hermano, te juro que la paga será buena. —Katrina —dije, con la voz rota. —No digas nada, descansa hoy, duerme, mejórate, piensa en esa decisión de irte, por favor, por favor. Sus eran de suplicas, entonces, asentí, me comprometí a reconsiderar mi decisión. —Bien —dijo, suspirando —. Me encargaré hoy de todo, no te preocupes, ve a descansar. Asentí. —Gracias. Ella me sonrió, y en ese momento supe que había cometido un grave error en prometerle a Katrina reconsiderar mi decisión. Mientras subía las escaleras, sentía que mi vida estaba al borde de un hilo, y mi estabilidad emocional estaba al punto de irse a caño. Lloré, seguí llorando por todo, por el pasado, por el presente, por el futuro, por absolutamente todo. Al cabo de un rato, tocaron la puerta, me pongo en modo de alerta y mi mente me lleva a pensar que ese hombre viene a asesinarme. El corazón se me acelera y el espanto se me nota en la cara. —¡Adelante! —digo, con una voz débil, poniéndome de pie. Es Katrina. Me relajo, mis hombros, mi mente, mi cuerpo queda suspendido en un alivio total. Los ojos de ella se quedan en mi equipaje y me mira con nostalgia. —Antón me contó lo de anoche —se me acerca, y se sienta al borde de la cama —. Es imperdonable lo que ese miserable hizo. No hablo, aunque sé que las lágrimas están bajando por mis mejillas. —Nadie, nadie tiene derecho a forzar a una mujer —me toma de las manos —. Lo siento, ya he hablado con Antón y estoy segura que lo despedirá —la respiración de Katrina se volvió pesada —. Por favor, no te vayas, no nos dejes por este malentendido. Parpadeo, estoy llorando. La verdad, no quiero dejarlos, me he acostumbrado a ellos en tan poco tiempo. —¡Katrina! —¡Por favor Jimin, por favor! Albert te quiere, yo te quiero. Dime, ¿Qué puedo hacer para que te quedes? Nada Katrina, tu hermano es el problema. —Katrina… —se me quiebra la voz. —He hablado con mi hermano y le he convencido de que te dé una buena paga —se le rompió la voz y eso me dolió, porque Katrina era buena, muy buena persona —. Esta dispuesto a ayudarte si tienes algún problema, y hacer todo lo posible para que te quedes. Sigo llorando, no puedo parar, me duele el alma. —Por eso, él quiere hablar contigo. —¿Ah? —Antón quiere hablar contigo. Te espera en su despacho. Me levanto de la cama y estallo en llanto. Katrina me mira sin entender lo que sucede, y lo peor, no le puedo decir nada si quiero salir respirando de esta situación, no obstante, no puedo negar que me estoy poniendo en evidencia ya que me han propuesto de todo y yo he rechazado cada una de sus ofertas, pero, enfrentarme y tener una conversación amigable con ese hombre… no puedo… pensarlo se me revuelve el estómago. —¿Qué pasa? —me pregunta Katrina, su voz es suave, arrolladora —. ¿Cuéntame? La miro… no puedo hacerlo, por mas que quiera, no puedo. —¡No es nada! —Entonces… ¿Por qué estas así? Trato de calmarme, me aclaro la garganta. —Por lo de anoche, por lo de ese hombre, estuvo a punto de…—se e quiebra la voz. Katrina acorta la distancia entre nosotras y me abraza con una ternura increíble, y me aferro a ese abrazo porque de verdad lo necesito. —Por favor, escucha a mi hermano, habla con él. No digo nada. —Por favor… Por favor… —me dice. Asiento, y ella se despega y me sonríe. —Gracias —exhala hondo, como si hubiese contenido el aire en sus pulmones por mucho tiempo y me dice: —. Te está esperando. Asiento, saliendo de la habitación, bajando las escaleras y caminando rumbo al despacho. Sigo mal, sigo con las lágrimas, estoy histérica, y presiento que antes de que toque la puerta voy a morir. No puedo hablar con él. Enfrentarlo, es querer matarlo con mis propias manos. Además, ¿si me reconoce? El miedo se dispara a mil y antes de entrar, se me viene el mundo encima junto a llanto desgarrador silencioso que me ahoga, y me invita a salir corriendo y desaparecer para siempre. Debato la idea en mi cabeza, entonces, toco. Y él me invita a pasar. ****** notita: Dejen sus comentarios, es lo único que les pido.
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